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¡VAMOS PA'LANTE! Por Alfonso Camargo Fajardo

Actualizado: 9 de abr de 2019

¡Vamos pa'lante!

-Para el éxito no hay edad ni fecha en el calendario- me dijo Tomás, agitando sus manos con tal vehemencia, que en algún momento pensé que uno o varios de esos dedos, se incrustarían en mis ojos.


-¡Cálmate, viejo Tomy! No todos somos iguales ni hemos tenido la mismas oportunidades- le respondí con la remota esperanza de cambiar el tema.

-Me importa un carajo lo que pienses. Yo ya tengo mi meta clara y la alcanzaré como sea- dijo y sin esperar más comentarios, salió de la habitación cerrando la puerta con un golpe seco.


A lo pocos días, Tomás se fue de nuestra casa a vivir con otros paisanos suyos, unos cartageneros ya egresados y que iniciaban su vida laboral. Yo apenas estaba cursando el cuarto semestre de mi carrera, mientras Tomás estaba cursando su último semestre de Contaduría, que había iniciado hacía 5 años, cuando llegó de Cartagena en bus, gracias a la colaboración de sus vecinos del barrio 20 de Julio, que por alguna razón, depositaron sus esperanzas en aquel morenito, sin mucho atractivo físico pero muy inteligente.


Como la gran mayoría de estudiantes provincianos en Medellín, Tomy se las ingenió para superar sus limitaciones económicas y la lejanía de su familia, y logró avanzar en sus estudios, captando la atención de otros estudiantes más avanzados, que le ayudaron a conseguir una Monitoría, permitiéndole la tan anhelada solvencia económica. Sus mecenas laborales terminaron su carrera y quedaron como profesores en el Departamento de Contaduría, lo cual, aclaró enormemente el futuro laboral del viejo Tomy, ya que al terminar su carrera, no tendría que volver al "Corralito de Piedra" con su familia y a buscar trabajo, sino que se quedaría como "Profesor" en la Universidad de Antioquia, y hasta podría traer a su mamá y a sus hermanos a vivir en Medellín.


Fue precisamente éste, el tema que alteró los ánimos en aquella última discusión. Yo le hacía ver que el desarrollo profesional se obtenía en el mundo empresarial, y no anclado en la academia. Él, por el contrario, sostenía que la liberación económica era prioritaria al desarrollo profesional.


Efectivamente, Tomás obtuvo su Diploma como Contador Público, y pareciera que sus amigos como regalo de grado, le consiguieron su nombramiento como Profesor de Tiempo completo. En el semestre siguiente, el "Viejo Tomy" resultó ser mi profesor de Contabilidad Administrativa, y me dejó sentir que aquella discusión sobre su futuro laboral, apenas se cerraría en ese semestre porque desde el primer parcial, me hizo sentir su mano dura al calificarme. Tomás y yo admirábamos a un condiscípulo, con gran olfato comercial pero poca inteligencia, que tenía un tenía un poderosa motocicleta HONDA 350cc, y buena solvencia económica.


Un Lunes cualquiera, en medio de la resaca del fin de semana, Tomy nos dijo: -Me compraré una moto-, y Humberto, nuestro amigo comerciante, sólo atinó a decir: -Primero aprendé a manejarla y después la comprás-. Bueno, sobra decir que Humberto y yo, no nos sorprendimos cuando a los dos días siguientes, lo vimos llegar dando tumbos, pero con una gran sonrisa en la cara, con su flamante motocicleta nueva.


El martes de la semana siguiente, al sentarme en una de las mesas de la cafetería a tomar mi desayuno, un profesor me preguntó: -Usted que es amigo de Tomás, ¿no se vio con él durante el fin de semana?-

-¡Ay, profe! Ese negro marica me cogió ojeriza por una discusión que tuvimos, y además, él ya no se junta con estudiantes. ¿Por qué me pregunta éso?- le respondí sin presentir que en mi futuro laboral se cerraba una puerta que nunca volvió a abrirse.

-Desde el Viernes no se ha vuelto a saber nada de él. Usted no sabe dónde pudo haberse metido?- Volvió a preguntarme, como si supiera que ese día mi futuro dependía de mis respuestas.


-Lo mejor es averiguar en la morgue porque ese loco, estrenando moto y empezando a gozar la vida, nada de raro que borracho, se haya estrellado contra un poste- le contesté mientras saludaba a Humberto que acababa de llegar.


Cuando volví a la clase de dos de la tarde, un extraño silencio reinaba en la cafetería, y la expresión del rostro de quienes allí estaban reflejaba una gran tragedia.

-Huy! ¿Qué pasó hermano?- pregunté sin fijarme a quien le preguntaba.

-Encontraron a Tomás en la morgue. ¡Se estrelló en la moto!


Alfonso Camargo Fajardo








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