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4. LA EDAD DE LA BREA EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

De calles llenas de piedra, tierra y polvo; varias "mejoradas" con mezcla asfáltica o “Brea" como se le conocía a una sustancia de petróleo y piedra regada sobre nuestras vías, y cuya textura blanda daba la sensación de caminar sobre calles acolchonadas; sustancia que atrapaba toda rueda de bicicleta, zapato o zapatillas que osara pisarla en las horas de mayor calor.


Ese asfalto alcanzaba tan alta temperatura, que era utilizado con frecuencia por la fuerza pública durante los paros cívicos, para cocinar huevos y calentar sus comidas. Era tal el calor que hacía “temblar” nuestro horizonte e irritar nuestros ojos.


Esa "Brea" volvía insensible las plantas de nuestros pies cuando andábamos descalzos, llegando a no sentir la diferencia de estar pisándola, o parado sobre la colilla de un cigarrillo, tal y como me sucedió un día en el kiosco de Trillos (cuando se encontraba en la mitad de la avenida del Ferrocarril), mientras esperaba que Clemente me despachar un jugo de tamarindo.


La "Brea" fue el terror de las mujeres, porque atrapaba los tacones de sus zapatillas dejándolas descalzas mientras trataban de cruzar las calles, y ante la indecisión de si recuperar sus zapatillas abandonadas en la mitad de la calle o recuperarla con el riesgo de ser atropellas por algún vehículo. Pero más el terror infundía en nuestras madres, pues si bien la capa externa de la “Brea” se endurecía por el sol, la parte interna era una “melcocha”, muy difícil de quitar, pero fácil de invadir nuestras casas pegada en las suelas de los zapatos, zapatillas o en las llantas de nuestras bicicletas.

Era oficio de la semana, recorrer la casa de rodillas, armados con: Un frasco de petróleo o varsol, un pedazo de pijama vieja de la abuela y un cuchillo de nuestra mesa, el cual posteriormente volvía a su uso habitual con una manchita amarilla en la punta. Todo ese equipo mencionado era para trata, tratando de quitar la "brea melcochuda" de nuestro piso; piso con frecuencia de cemento pulido, o de baldosín de cemento de 20 cm x 20 en únicas combinaciones de blanco con negro o verde, o amarillo con rojo.


Uno de los motivos de “lección ejemplarizante con chancleta o correa”, era cuando después de montar bicicleta en época de lluvia, nuestras camisas llegaban para ser lavadas por nuestras madres con la parte de la espalda machada de agua y petróleo por acción de la rueda trasera.


Pero no todo era malo, gracias a la tarea de limpiar la "Brea", nuestros músculos gemelos y rodillas se fortificaron, por el esfuerzo de pedalear con las llantas hundidas en ella, o por la limpieza en rodillas con nuestro kit de aseo; sin olvidar la moda de jugar en la calle, sin pisarla, en el espacio de tierra que separaba la calle asfaltada con el andén de nuestra casa, lugar donde pasábamos horas jugando por ejemplo: "Vuelta a Colombia", construida con tapas de gaseosa y que se jugaba con canicas o "maras" con tramos de alta complejidad, llegando a pasar por túneles en las raíces de árboles de caucho, árbol desaparecido hoy en día, pero muy común en la Barrancabermeja donde viví.


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados