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REQUISITOS PARA SER ALCALDE DE BARRANCABERMEJA. Por: Alfonso Torres Duarte.

Como aún estamos de aniversario, les comparto otra tanda de apuntes con sabor a barranqueñismo.


REQUISITOS PARA SER ALCALDE DE BARRANCABERMEJA


Por: Alfonso Torres Duarte.



Hace casi tres décadas publiqué un catálogo de requisitos, que a mi juicio podrían ser un referente simbólico de conocimientos sobre hechos de la historia de Barrancabermeja que deberían cumplir los candidatos que aspirasen a dirigir los asuntos públicos de nuestro municipio, naturalmente, además de los aspectos administrativos inherentes al manejo de los mismos. Este listado de condiciones fue elaborado con los aportes de muchos barranqueños a través de conversaciones personales, cartas escritas al estilo viejo (en máquina de escribir o a mano) y por correos electrónicos.

Como estamos de aniversario y además el año entrante volverá a moverse el carrusel de las elecciones, vale recordar la lista, para que se la sobrepongamos a todas aquellas personas que quieran postularse a dirigir los asuntos públicos de nuestra ciudad, con el fin de que tengamos un indicador que nos permita escoger al que más se ajuste al perfil del mandatario que necesita Barrancabermeja, que de juro deberá ser el más barranqueño, el que más quiera a nuestro pueblo, el que más lo conozca, el más idóneo y el que sepa hacer las cosas bien en beneficio de todos los habitantes de nuestra localidad.

Cada guion que enseguida leerán, encierra historias que los hijos de Barrancabermeja guardamos en los recuerdos y evocamos con nostalgia, las cuales no se las han comido las telarañas del olvido gracias a que solemos transmitirlas a las nuevas generaciones a través de la cultura oral. Sobre ellas, las historias, debemos volver para reconstruirlas por escrito y llevarlas a nuestros herederos, a los amigos, a los vecinos, a todas las gentes de nuestro terruño, con el fin de despertar en ellos la veneración que por Barrancabermeja tuvieron nuestros antepasados, quienes pese a que muy pocos nacieron aquí, sí encontraron en estas tierras su realización personal, que extendieron para la posteridad a través de su descendientes, hechos aquí con el poder del bocachico y bajo la luz de un mechón, teniendo como telón de fondo el bermejo lienzo de los atardeceres ribereños.

Los siguientes son pues algunos de ellos, aclarando que están abiertas estas páginas para enriquecerlos con nuevos valores:

Que tenga los pies, las manos, el cerebro y el corazón enterrados en Barrancabermeja. Que tenga arraigo real en nuestra tierra.

Que sea un defensor acérrimo de la Avenida del Ferrocarril, en contra de unos oportunistas por ahí que han pretendido llamarla como una tal “avenida de los fundadores”.

Que sepa en dónde quedan las Calles la Campana, la San Luis, el Callejón Gutiérrez, la Calle del Bolsillo, el Puente Caracolito, el Callejón de los Perros.

Que haya alquilado canoa donde Chava y nadado encuero en las aguas de la ciénaga San Silvestre.ue haya alquilado canoa donde Chava y nadado encuero en las aguas de la ciénaga San Silvestre.

Que si no los conoció, por lo menos tenga referencias históricas de Juana Peinate, Topo Gigio, Sobamulo, La Yuya, La Flor del Huevo y la Buena Moza.

Que conozca y cante el himno de Barrancabermeja con orgullo patrio.

Que asista al estadio Daniel Villa Zapata a ver jugar al Alianza y le miente la madre al árbitro cuando pite una falta injusta en contra de nuestro equipo.

Que conozca la historia del Puente Caracolito.

Que le guste el mango biche con sal.

Que haya visto cine en los teatros Colombia, Libertador, Yarima o Barrancabermeja.

Que disfrute con el canto de la chichafría.

Que coma yuca y bollo limpio con suero.

Que al bollo le diga bollo y no ‘envuelto’, y que haya probado y deguste regularmente todas las modalidades de éste que se producen en Barrancabermeja: limpio, de mazorca, de yuca, de plátano, de huevas de pescado, de coco, esponjado.

Que no le diga tamal al pastel.

Preferencialmente que llame a sus padres apá y amá.

Que se haya raspado las rodillas jugando fútbol en la Bombonera la Shanon o la Rivaluz.

Que alguna vez haya sido objeto de una mirada furtiva de Chávez.

Que haya sido alumno del Loco Suárez.

Que haya tomado limonada y tamarindo en el kiosco de Trillos.

Que haya ido a El Centro a coger mangos, marañones e icacos.

Que haya leído y tenga en la biblioteca de su casa libros sobre Barrancabermeja escritos por: Simón Galvis, Arnulfo López, Gonzalo Buenahora, Martiniano Valbuena, Jacques Aprile, el profe Rafael Velázquez, Jorge Núñez y ‘La novia oscura’ de Laura Restrepo, entre otros.

Que haya ‘rumbiado’ en La Mafafa, en El Maipú, en El Bar X, en La Uva, en El Alhambra, en El Bogaloo, en El Árabe, en El Carrusel, en El Infierno, en el Café Roma, visitado a la Negra Tomasa, a Hortensia, a Celín y rematado la noche comiendo carne asada o mondongo en El Tamaná, en Los Pajaritos, en El Rincón de los Abuelos o en El Cenadero El Control.

Que se haya montado en el Ferry de la Shell y visto cine en el teatro de Casabe.

Que se sienta orgulloso del color de piel negrito o amarillo catapila que tenemos los barranqueños.

Que le guste el deporte y practique alguno, que no use la pantaloneta solo para dormir.


Que distinga un comelón de un bocachico

Que sepa que la Pollera Colorá se compuso en el bar Hawai de Barrancabermeja y cuya autoría es de Wilson Choperena y Juan Bautista Madera.

Que haya amanecido algún primero de enero en el fandango de la 24 con el compita Arcenio Jaraba.

Que haya participado en los paros cívicos de los setenta y caminado en manifestación por la 28 hasta el As de Copas, para protestar contra la pésima agua que nos suministraba Acuasur y luego Emposan, y caminando por el derecho a la vida en los noventa.

Que conozca la historia del por qué el barrio Galán en su primera etapa fue llamado “Hueso Blanco”, y la segunda “Caldo de papa”.

Que le haya comprado lotería al ‘Chiqui’.

Que en 1971 haya ido al baile con Alfredo Gutiérrez y los Corraleros de Majagual en el colegio Diego Hernández de Gallegos organizado por los bachilleres de ese año y haya tenido que saltar por encima de la malla electrizada cuando se armó el tierrero porque el artista se voló con una vieja.

Que alguna vez el Chori le haya sacado una muela.

Que haya ido a donde Justo en el Llanito a comer pescado frito-sudado.

Que quiera a Ecopetrol, que la defienda de los embates de la privatización.

Que por allá alguna vez revolcándose en los pastizales de la ciénaga, se le hayan pegado las coquitas.

Que le haya comprado fotos viejas de Barrancabermeja a Liberio Joya.

Que tenga un palo de mango o un almendro sembrado en el frente de su casa.

Que haya consultado tareas en la biblioteca de la USO de la mano del ‘Cheque’ –el querido e ilustre barranqueño Ezequiel Romero Llerena-.

Que haya sido discípulo espiritual de monseñor Bernardo Arango Henao y del padre Jaime Rojas Llorente y que haya además conocido a Nel H. Beltrán y a Pepe como curas y no como obispos.

Que lo haya cogido una salida del sol en Quinto Patio.

Que haya comprado pantalones de terlenka o de dril supernaval en el Almacén El Guante Rojo.

Que tenga guindada en su casa una hamaca y en su sala haya un juego de mecedoras.

Que monte en bicicleta.

Que haya comido uva’e lata o guama’e mico en la ciénaga San Silvestre.

Que el doctor Carlos Martínez le haya hecho el examen de próstata.

Que haya escuchado alguna vez el programa La hora del Hogar de doña Carmen de Moncada y a Casimiro Comenta por las emisoras locales.

Que haya comprado níspero o suero en la lancha Nancy Elvira o en la Nuestra Señora del Carmen.

Que se precie de ser amigo personal de Cerpa (con C, el futbolista barranqueño).

Que le haya vendido chatarra al Mocho Baena o a Nefatalí.

Que le haya dado la vuelta completa a la antigua circunvalación y haya terminado comiendo mangos en el barrio Miramar.

Que quiera al pato yuyo, a la cocinera y al chulo.

Que haya usado franela amansa loco.

Que alguna vez se haya ido de rumba con unas botas de seguridad de Ecopetrol a las que les ha sacado previamente las punteras de acero.

Que sea bachiller egresado de algún colegio de Barrancabermeja.

Que le haya robado bananos a Gorroplo.


Que se haya parado en el parque Infantil frente a la embasadora a ver pasar botellas de gaseosas Hipinto.


Que haya tomado avena de Lucho, el hombre del colmillo de oro.

Que haya leído cuentos de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía en donde el viejo Pupo.

Que haya alquilado paquitos en El Jardín de las revistas.

Que se haya pegado un viaje con el bouquet de los ‘puros’ del Siglo XX, allá al final del barrio El Recreo.

Que haya sacado pescaditos en la quebrada Las Lavanderas.

Que haya bailado en Castalia, la Cosquillosa y la Petrolera.

Que sepa por qué a los esquiroles les dicen Pata de vaca.

Que haya recibido clases de Ulpiano Díaz Ardila recién salido de recluta.

Que viajando de noche a El Centro se le haya aparecido La Enfermera del 45, y que entre el campo 38 y el campo 5 se haya encontrado con El Ahorcado.

Que haya estado en la coronación del Rey Cocho, como el hombre más feo de Barrancabermeja.

Que le haya comprado tostaitas a “Tostaita Tostaita”.

Que haya recogido agua en pimpinas en la USO.

Que cuando vaya al comercio todavía diga: “Apá, voy p’a Barranca”.

Que haya usado sandalias con suela de llanta de catapila.

Que conozca el significado de la PRU en el Parnaso: (Patos Revolucionarios Unidos).

Que haya jugado checa.

Que haya comido pecueca (algarrobo), en la bolera de Palmira.

Que haya visto aterrizar y despegar aviones en el antiguo aeropuerto que quedaba en La Bombonera y en donde hoy está el CASD.

Que el pito de la Refinería le haya programado alguna vez su día.

Que haya jugado naipes o cuco en el Parque de los Gallos.

Que lo haya motilado Lucho Calle o César Martínez.

Que le haya comprado repuestos para la estufa al viejo Santiago.

Que haya bailado en Caselata.

Que no le tenga miedo a las iguanas, que las quiera y las preserve.

Que montando en bicicleta se haya pasado al enano Isaías y lo haya saludado con afecto.

Que haya alquilado el carromula de Ocaña, el de Gusanillo o el de Burro del Plomo.

Que haya escuchado los cuentos del Negro Villa en los buses urbanos.

Que haya comprado “dacrón para hacer pantalones de dril” en el almacén Al Día de don Elías Evan, el papá de Mario Evan.

Que le haya gritado ¡Colonos! a los de El Centro y a los Shelleros.

Que alguna noche lo haya corretiado y le haya tumbado el reloj o la cadena El Gato, o El Zurdo, o El Altahona, o El Bomba.

Que conozca las historias de Silva como la Mano Negra de Barrancabermeja.

Que haya ido donde el Mago de la Colina a indagar por su destino.

Que haya bailado en el Club del Comercio con las orquestas barranqueñas Los Académicos (de don Arnulfo López y Jaime Fajardo) y el Gran Clan.

Que anteriormente haya bailado también con los Diablos del Ritmo.

Que se haya chapuceado encuero en las alcantarillas de Santa Bárbara, en el Cañito de Piedra del Inscredial, en el Piedrucho, en la Mur, en el Pozo Forero, y en el Pipatón.

Que el viejo ‘Gabardina’ lo haya atendido en El Gachaneque, al final de una noche de bohemia.

Que por allá en los setenta haya degustado helados en el Cream Helado de don Alexis Prada, un grato local con aire acondicionado.

Que haya ido a La Ciudad de Hierro cuando llegaba esta al Barrio Colombia, ahí frente a Regerco y al colegio Santa Teresita.

Que El Cali le haya sobado un muslo desgarrado.

Que le haya comprado “popelina barato” al turco Saadallah en el almacén Andino.

Que haya cogido el bus de Copetrán cuando quedaba detrás de la Caja Agraria.

Que haya amanecido en las funerarias Foronda o García despidiendo a un amigo.

Que sepa en dónde quedaba El Coso (hoy barrio La Magdalena) y haya tenido que ir allí a liberar a su perro arrestado por andar meándose en las casas de los vecinos.

Que haya conocido El Expreso del Sol y haya viajado en él a Bogotá, a Medellín o a la Costa, así como viajado también el Autoferro a la Dorada y a Bucaramanga.

Que se haya tomado unas fotos con el río Magdalena de fondo y también con un machín.

Que sepa tirar canalete.

Que en su casa tenga un cuadro de algún pintor barranqueño.

Que haya donado un ladrillo para construir la Casa de la Cultura y la iglesia La Inmaculada.

Que en la vieja Casa de la Cultura de la novena con carrera once haya escuchado las historias de nuestro pueblo narradas por el Maestro Rafael Núñez Ospino.

Que tenga en su casa una vajilla criolla (de totumas).

Que sea alegre y solidario.

Que haya tomado avena y comido buñuelos en La Viña.

Que conozca por lo menos diez especies de árboles frutales y ornamentales nativos de la región y cuando sea alcalde se comprometa a cubrir y a embellecer las calles y avenidas de la ciudad con ellas: Guayacanes amarillos y rosados, ceibas, mangos, almendros, mamoncillos, orejeros, tamarindos, guayabos, cocoteros, cítricos (naranjos, toronjas, limones).

Que en los años ochenta se haya bañado en alguno de los tantos hoyos sopladores que a toda hora se disparaban en el barrio Galán.

Que sea un enamorado del río Magdalena, de la ciénaga San Silvestre y todo el complejo de humedales que rodea a la ciudad.

Que sepa que hubo un periódico aquí que se llamaba El Sideral.

Que le haya comprado zapatos a Mócoro (el profe Silva) cuando los vendía en el hall del colegio Diego Hernández de Gallegos.

Que sepa que Barrancabermeja tiene la única iglesia en el mundo con torre petrolera (la Nuestra Señora del Carmen del barrio Palmira).

Que haya bailado en el Bar Hawai con Pedro Salcedo y su orquesta.

Que sepa que Barrancabermeja es municipio desde el 26 de abril de 1922 y que Ecopetrol fue creada el 25 de agosto de 1951.

Que haya comprado pescado en La Rampla.

Que alguna vez, como don Rafael Núñez y los viejos barranqueños, se haya vestido totalmente de blanco.

Que se lo haya alcanzado la caravana de petroleros en bicicleta a la salida de un turno de la refinería.

Que en la Semana Santa haga dulces de todas las clases: Ñame, coco, leche, plátano, mango, coco con piña, fríjol, icaco, papaya verde, orejero, etc, y los comparta con los vecinos.

Que haya tomado Dinamita (milo con banano, brandy, huevos de codorniz y kola granulada) en el Agáchate que está al lado del hotel San Carlos.

Que se haya conocido las esculturas de Marian en el Parque Infantil.

Que haya departido alegremente con los capitanes de barco en el Bar Costeña (frente a la Estación de Policía) con piano y aire acondicionado.

Que quiera a los árboles así como El Loco Suárez veneraba a las ceibas de Aguasclaras.

Que en septiembre de 1977 el coronel Bonilla López, alcalde militar de Barrancabermeja, lo haya puesto a barrer las calles de la ciudad al sorprenderlo el Ejército en una manifestación de apoyo a la huelga de la USO.

Que haya tenido que pagar una multa sin haber cometido infracción (en una cantina).

Que sepa que el primer alcalde de Barrancabermeja fue don Bautista Reyes en 1922.

Que sepa tirar anzuelo.

Que sepa hacer y elevar cometas, que le enseñe a sus hijos y en agosto se divierta elevándolas en familia.

Que además del bocachico, el bagre, el blanquillo, el coroncoro, el barbudo y la dorada, conozca por lo menos diez especies más de la fauna de nuestros ríos y ciénagas: Moncholo (‘perra loca’), doncella, cachegua, capitanejo, agujeta, raya, comelón, mayupa, bagresapo, tolombita, picúa, anguilla, mojarra, pacora y arenca.

Que haya asistido en el barrio Palmira a misas celebradas por los curas Lucho de la Espriella y Nacho Rosero.

Que tenga una bicicleta Humber en su casa.

Que haya conocido y tomado gaseosa Pinocho (producto barranqueño ciento por ciento) de don Alirio García Díaz.

Que no le diga motoniveladora a la catapila.

Que no le de miedo montar en canoa.

Que le haya picado una raya en un paseo a la ciénaga.

Que se comprometa a sembrar árboles frutales en los patios de las escuelas públicas de la ciudad, para que los chiquillos en los recreos, con la supervisión de los profesores, coman frutas: mangos, guayabas, naranjas, mandarinas, marañones, mamoncillos, guanábanas, toronjas.

Que se le haya perdido el perro de la casa, coincidencialmente en los mismos días en que un circo con leones y otros animales salvajes hacía presentaciones en la ciudad.

Que haya cuadrado la entrada a matinée vendiéndole a Neftalí alambre de cobre, hierro, aluminio, hueso y cuanta chatarra saliera de la casa o se encontrara en las calles.

Que su mamá le haya dado una “juetera” por haber ensuciado el piso de la casa con asfalto, cuando la catapila arreglaba las calles del barrio.

Que le hayan tumbado una botella de ron en el Club Infantas al dejar la mesa sola por irse a bailar.

Que haya ido a los matinales del Teatro Barranca a ver a Dyango, a Ringo, a Santana, Santo El Enmascarado de Plata y Cantinflas.

Que le haya comprado discos a Noé Pineda y a Sepúlveda en los años setenta, y en los ochenta y noventa a Jorge Benjumea.

Que le haya comprado repuestos para el equipo de sonido a Ovidio Serrano.

Que de pela'o lo hayan motilado con el corte americano o la chuler (el corte alemán con el moño al frente de la cabeza).

Que haya bailado en la discoteca El Chilaco y en La Luna.

Que haya comido cañanga.

Que sepa en dónde quedaba la Cueva de Rolando.

Que monseñor Bernardo Arango Henao le haya dado la primera comunión.

Que se comprometa a recuperar para la educación las instalaciones del antiguo Colegio Industrial de la carrera 24 con séptima, convertido hoy en una cloaca para guardar malolientes carros de basura.

Que sepa que en 1959 se coronó en Barrancabermeja a Deisy Noreña como primera Reina Nacional del Petróleo.

Que cuando viaje a otra ciudad extrañe el sonido que arrulla el sueño de los barranqueños: El ruido del ventilador.

Que tenga en su casa una colcha de retazos cosida por su abuela.

Que haya cruzado la ciénaga San Silvestre en canoa y haya ido a la Isla del Amor.

Que haya bajado la fiebre del sarampión con un baño de hojas de matarratón.

Que por las mañanas cuando salga de su casa y la chichafría lo salude desde la antena del televisor con su alegre canto chichafría, chichafría, la mire con aprecio y le diga, Quiubo chichafría, échale un ojo a la casa.


Alfonso Torres Duarte

© 2018 by Daniel E. Cañas Granados