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RECUERDOS DEL COLEGIO Por Alfonso Camargo Fajardo



- “El amor de lejos es amor de pendejos”- dijo Germán sin mirar siquiera a Miguel que, sentado sobre la cama, con la cabeza gacha y la mirada fija en algún punto de sus zapatos, lamentaba haber confesado que sentía una inmensa nostalgia por la novia, que había dejado en el Barrio El Parnaso, en Barrancabermeja, por venirse a estudiar a Medellín.


Toda aquella discusión empezó cuando ingresó Mario en nuestra habitación, a su regreso de la universidad, y después de saludar encendió su radio de transistores, que sintonizado en la emisora Radio Ritmos, dejó escuchar la voz de Leonardo Fabio cantando:

“...y cuando llegue al fin

el muchachito aquel que te ha de enamorar

Y se enojara al ver, que conservas de mí

la foto de carnet, bésale y dile que,

fui solo una ilusión, tan solo una ilusión...”


-¡Erda negro! ¿Por qué estás llorando? - dijo Mario en voz alta, haciendo que Germán, que estaba terminando de vestirse para salir hacia la universidad, José y yo, que estábamos jugando una partida de ajedrez, nos fijáramos en el “negro Miguel”, quien antes de que sonara la canción, estaba concentrado leyendo un libro llamado Introducción al Derecho.


-Es que esa canción me recordó a una amiguita que conocí antes de venirme a Medellín, a estudiar. Precisamente, el día que viajé se puso a llorar cuando me despedí de ella, y me pidió una foto para recordarme, y la única que pude darle, fue una de las que me había tomado para pegar en los formularios de inscripción que mandé a las universidades. - respondió Miguel haciendo un esfuerzo por no llorar.


- ¡No joda! A esa foto, si no le han clavado hasta puntillas, le echaron candela, o por lo menos, la volvieron picadillo. ¿Sabes qué negro? Échale el ojo a una paisa y olvídate de esa pelá, porque ella no es una monja y en Barranca hay muchos gallinazos. - repuntó Mario sin ningún asomo de compasión, y como el torero, después de dar la estocada final, nos miró a todos esperando nuestras risas, que efectivamente, demoraron menos de un segundo.


-¡Hey, cálmense! Esa vaina le pasa a cualquiera- dije yo, interrumpiendo las burlas, tras lo cual, agregué: -Yo también me estaba enamorando de una china, pero me di cuenta que ella jugaba a dos bandas, y de inmediato le dije: ¡Chao candao! ¿Saben qué fue lo berraco? Que me dio duro cortar esa relación, y hasta me dieron ganas de no venir a estudiar, pero le conté a mi abuela, y la vieja me dijo: ¡Déjese de pendejadas! ¡Váyase a estudiar que mujeres hay muchas, y mejores! ¡Ajá! Le hice caso y aquí estoy. Haga usted lo mismo y relájese chino- dije mientras le daba una palmada suave en la espalda a Miguel, y Germán recogía sus libros para salir por la puerta, después de pronunciar su lapidaria frase.


- ¡No joda! Mejor cambiemos de tema. ¿Saben qué es lo que yo extraño, mano? El ambiente del colegio Diego Hernández. El ambiente de la U es tan diferente hermano, todos son desconocidos, y esa vaina de salir de un salón para otro, me tiene mamao. ¡Qué vaina, mano! Extraño las clases del Diego y a los profesores. ¿Recuerdan al profe Vargas, el barrigón, cuando una vez nos preguntó qué quería decir “Dominus vobiscum”, y yo le respondí: “Es el cuerpo y la sangre de Cristo” y todo el mundo soltó la risa? - dijo Mario tratando de animar a Miguel, quien tratando de liberarse de las burlas, prácticamente le arrebató la palabra para decir:


-Claro, yo recuerdo eso; por cierto, el profe te llamó al frente y te dijo algo al oído, que te puso pálido como una pared. ¿Qué fue lo que te dijo? -


-Hombre, yo pensé que me iba a mandar a rectoría o que, por lo menos, me sacaría del salón, pero nada, ¿saben que me dijo? “Si vino a mamar gallo, mejor váyase para el hipódromo”- respondió Mario soltando una carcajada que todos acompañamos.


Para no quedarme atrás en aquellas reminiscencias, tomé la palabra para decir: -Bueno, yo al profe que más recuerdo es “El Chiquitín” Benavides, el que nos enseñaba Química, con su peinado engominado, sus camisas blancas de manga larga, sus pantalones más arriba del ombligo, su bigotico hitleriano y la regla de cincuenta centímetros que siempre llevaba a clase, hasta cuando la quebró en mi cabeza. Eso, fue el día que nos dio la clase sobre los gases nobles. ¿Quién fue el que preguntó de qué clase eran los gases sonoros que expulsamos? ¡Fuiste tu Miguel! Recuerdan que antes de que “El Chiquitín” respondiera, Pablo, “El Pelusa”, dijo que, si eran del rey de España, eran gases nobles, y entonces José dijo que eran gas metano y “El Gago” Gutiérrez dijo que eran gas propano porque, si les arrimábamos un fósforo se encendían. ¿Recuerdan la cara de “El Chiqutín” Benavides oyendo estas respuestas? -


José sin poder contener la risa, se levantó de la silla, para decir: -Ja, ja, ja ja. Ese man no sabía sí reír o llorar hasta cuando tu lanzaste esa respuesta, que, yo por lo menos, no entendí en ese momento: “Compañeros, ese gas no es Metano, ni Propano, y mucho menos Profano, simplemente es gas Porelano”.-


-A mí, lo que más me hizo reír fue cuando “El Chiquitín”, cogió la regla que tenía en el escritorio, te la estrelló en la cabezota y salió del salón directamente a la rectoría, a buscar al rector para que te expulsaran- dijo Mario


Un poco sorprendido al comprobar que sus recuerdos eran tan fidedignos, me vi obligado a explicar. - ¡Huy, sí! Esa vaina fue tremenda. Recuerdo que el rector nos llevó a su oficina, y después de escuchar al profe Benavides, me hizo pasar a mí diciéndome: “Muy bien, amiguito. Usted todavía está aquí porque su conducta ha sido buena, hasta hoy, pero si no me da una explicación sensata a lo que le dijo al profesor Benavides, para sabotearle la clase, no solo lo expulsaremos de este colegio, sino que, en ningún colegio, ni siquiera en el Universitario lo recibirán”. Yo todavía sentía el dolor de ese reglazo, y la mirada de odio de “El Chiquitín” sobre mí, pero esas palabras me dejaron frío porque la expulsión, además de impedir mi grado de Bachiller, me daría una gran vergüenza con mi papá; sin embargo, di la explicación de todo lo que dije, y el rector, simplemente nos dijo: “Me hacen el favor y se dan un abrazo, se van para el salón a seguir con la clase y olvidan todo este malentendido”. Cuando salimos de la rectoría, el profe Benavides me dijo: “El reglazo no fue por la respuesta sino por las risas de todos” y yo le respondí: profe, yo no lo dije para que se rieran, lo dije por la deducción lógica que nos enseñó el profesor Cabezas en Sicología- Al escuchar esta explicación, todos quedaron sorrprendidos porque era la primera vez que, escuchaban el desenlace de aquella escena.


- ¿Si ves negro? Hay recuerdos que nos hacen gozar y tu, empecinado en tus recuerdos tristes. ¡Dejémonos de pendejadas! Tenemos todo un futuro por delante y nos dejamos apesadumbrar por pendejadas del pasado. ¡Sigamos adelante! Que todo lo nuevo que estamos viviendo hoy, será el pasado cuando lleguemos al futuro. - dijo Mario y enseguida escuchamos la voz de la dueña de la casa, llamándonos a almorzar.


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados