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14. LA MARÍA DE LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ

Actualizado: feb 3

- ¡Mamá, buenos días¡, -acostumbraba a saludar María todas las mañanas cuando despertaba y veía a su mamá muy cerca de ella.

- ¡Buenos días María!, -respondía casi de inmediato su mamá, era su costumbre llegar hasta donde dormía su hija amada minutos antes de su despertar, solo para ser la primera persona en ver su hija cada día.

- ¿Pudiste dormir bien?, era la siguiente pregunta de la madre, pues conocía la molestia que le causaba a la niña el resplandor de algunas luces en su rostro.

- Sí mamá, -le contestó ese día la niña, agregando: - anoche no me molestaron tanto esas luces, gracias a Dios y a la Virgen bendita, tal vez a los vecinos se les olvidó prenderlas.

- ¿Qué fecha es hoy?, -le preguntó la niña a su mamá, -es 20, ya solo faltan días para cumplir tus quince años, le contestó su mamá con ganas de animarle.

La niña sonrío, recordando la promesa de sus padres de hacerle una pequeña fiesta en su humilde hogar; ella, María era una estudiante de tercero bachillerato en un colegio público con una férrea formación católica en la Barrancabermeja donde viví; siempre se había caracterizado por ser una buena estudiante y obediente hija; motivo principal para que sus padres le hicieran su fiesta de quince años, pese a sus pocos ingresos.

A María le encantaba jugar con su grupo de niñas y niños vecinos todos de su edad especialmente en una rueda con banca giratoria que había en el lugar , pasaba horas y horas allí ; era esa la principal causa de su tristeza desde que se enteró por boca de su mamá, que toda la manzana se tendría que mudar pues el municipio construiría un parque allí. Era pues la celebración de sus quince años en unos meses casi una fiesta de despedida al mimo tiempo, y lo otro que también le angustiaba era pensar que nadie la visitara por lo lejos que ella se mudaría.

-María, las personas que realmente te quieren, te visitarán donde estés; tú sabes que nunca te sacarán de sus corazones, le dijo la mamá al tiempo que le informaba que iba comprar unas rosas en la plaza de Torcoroma: -Sí quieres puedes dormir otro ratico mi amor, no me demoro, agregando, -María no te he contado, pero siempre que voy a la plaza te pregunta muchas personas,deberías visitarlas como lo hacías antes.

No había terminado de hablarle su mamá, para que la niña recordara el motivo de no volver a salir: Un castigo de su mamá, cayendo en cuenta que a solos pocos días de habérselo puesto su mamá era más consentidora, más cariñosa y más dulce, hasta llegaba a pasar horas enteras a su lado hablando desde que se levantaba; ¿sería remordimiento por lo injusta que había sido?.

Como olvidar el enojo de su mamá, ese día cuando por una vecina madre de su mejor amiga y compañera de estudio a la que ella le había confiado su mayor secreto, se enteró que a su hija le gustaba un muchacho mayor que ella, con la ingenuidad del primer amor, amor de niña, sí, María estaba enamorada. Las palabras de su mamá, ese día, las recordaba como si estas se acabaran de pronunciar:

- María, me hace el favor y no me vuelve a hablar con ese marihuanero; -desde hoy le queda terminantemente prohibido salir a la calle; pero sin duda las palabras de su mamá más dolorosas fueron:

- ¡Desde hoy le rezaré todos los días le rezaré a Dios, prefiero que te mueras virgen y que te lleve a su santo reino si vas a terminar dándole tu virginidad a un marihuanero, prefiero verte muerta, le advirtió!

Era esa última frase, la que se repetía una y otra vez en su cabeza como una maldición, era por esa frase su decisión de no volver a salir a ninguna parte; que tal que Dios escuchara las oraciones de su madre, y “se la llevara a su reino”, y por eso, más bien prefería dormir mucho como ese día, tal vez para soñar ser una niña como las demás compañeras de su clase, una niña alegre, libre, que iba al cine al teatro Libertador con amigas y amigos, y… especialmente con el muchacho por él que su corazón latía por primera vez, y al que su mamá llamaba despectivamente: Marihuanero. Soñaba que él le enviaba tarjetas con mensajes de amor y corazones pintados, o le llevaba cajitas de almendras Triunfo o le regalaba flores o mejor rosas, las que más le gustaban, como las que su mamá había salido a buscar en la plaza de Torcoroma.

Recordó también, la única y última vez que salió en tiempos de estar castigada, fue exactamente el domingo 19 de enero de 1975; por una extraña razón y sin explicación alguna, la mamá le dio permiso para que fueran junto con su hermano a un paseo que haría la familia de su vecina, la misma que le contó de los supuestos amoríos de ella.

Lo que más recordaba del día del paseo, fue la sensación del viento recorriendo su rostro y su pelo suelto jugando con la brisa del río, mientras atravesaba el río Magdalena, allí sentada en una silla metálica en el tercer piso del gran ferry que hacía el trayecto Barrancabermeja-Puerto Casabe, mientras junto con su hermano y otros niños observaban a la distancia desaparecer el puerto de su ciudad, tratando en vano de descubrir la calle “de la Relojera” en donde tenía su hogar. María continuó recordando lo que fue para ella ese paseo: ¿cómo olvidar su asombro cuando por primera vez presenció el apagar de los motores del ferry, y como proseguía el acercamiento a su destino de esa majestuosa mole metálica, arrastrada solo por la corriente del río, y como el capitán accionaba el mecanismo para el descenso de la rampa de acero del ferry la cual vio bajar muy lentamente hasta acoplarse con la rampa en tierra del puerto en tierras antioqueñas; María ya había cruzado el río en el ferry con sus padres, pero esta vez era diferente, pues sus padres nunca le permitieron estar sentada en las bancas de la parte externas del ferry, por miedo a que se resbalara y cayera a las aguas del Magdalena, por eso era la primera vez que veía la llegada del ferry al puerto de Casabe.

Recordó también que una vez descendieron del ferry por la rampa, subieron a un bus color uva el servicio del municipio puesto por Ecopetrol para ir al municipio de Yondó, donde bajaron para posteriormente montar un campero o jeep, rumbo a su destino final: La Laguna Del Miedo.

Y continuó recordando como ese día la impresionaron las aguas de esa laguna, de un color verdoso por las algas y muy cristalina en donde se podía apreciar a los peces multicolores traídos de lejanas aguas por los primeros extranjeros: Norteamericanos y Holandeses llegados por la fiebre del petróleo, tal y como se lo explicó durante todo el recorrido el esposo de la vecina.

También recuerda perfectamente cómo una vez bajaron del vehículo, todos salieron corriendo a cambiarse de ropa para entrar en la laguna, mientras ella se quedaba atrás para distanciarse del grupo algunos metros y poder quitarse tranquilamente la ropa que llevaba y colocarse su ropa de baño: Un antiguo pantalón recortado por arriba de sus rodillas y una camiseta china heredada de su hermano con estampados tipo telaraña recién teñida por tercera vez con un cubito de IRIS.


El único recuerdo que no es tan claro para ella, o por lo menos no alcanza su memoria a precisar muy bien si pasó no, es el de esa extraña sensación de sentirse observada mientras se quitaba su ropa interior para no mojarla, tal vez producto del nerviosismo de estar sola sumado al pudor inexplicable de ver como su cuerpo ya abandonaba la figura de niña para tener forma de mujer… ¿o sería que sí estaba siendo observada por alguien?, era la pregunta que siempre se hacía.

En el siguiente recuerdo era más claro: Estaba jugando con su hermano y con otros niños al ahogado en la orilla de la laguna, el juego era sencillo, se hunden aguantan la respiración por algún tiempo hasta que son encontrados. Los que pasó luego, ya para ella se vuelve muy surrealista, pues no recuerda si se hundió o alguien la jaló intencionalmente sujetándola por los pies separandola del grupo de niños, solo recuerda verse completamente abandonada placenteramente en el agua, muy lejos de la orilla donde sus compañeritos seguían jugando, mientras alguien en una canoa la aleja tirando de su cabello; ahora se vé muy lejos de la orilla, inexplicable situación para una niña que no sabía nadar… a partir de ahí todo se vuelve más colorido, diferente e indescriptiblemente hermoso y placentero, incluida la sensación del contacto de su piel con esa agua fría, o el hecho de poder abrir sus ojos dentro del agua y quedar allí sumergida por mucho tiempo sin salir a tomar aire, como extasiada mirando los innumerables peces a su alrededor danzando cerca de ella mientras observar el fondo tapizado de color verde esmeralda, llegando a sentir una paz infinita nunca antes vivida, hasta quedar completamente dormida.

María soñó estar en la Laguna Del Miedo, ahora en medio de la noche, sola y con el agua haciendo que un frío lacerante calara hasta el último espacio de sus huesos de niña, los bellos recuerdos habían desaparecido, dando paso a los malos… recordó estar ahí inmóvil, queriendo gritar sin poder, mientras veía como a una distancia muy lejana, unas pequeñas luces de linternas se movían como luciérnagas recorriendo toda la orilla de la laguna de un lado para otro, como buscando desesperadamente algo a alguien, mientras a sus oídos llegaba el sonido de gritos pronunciando su nombre: - María, María, y sobre esos sonido el llanto lastimero de varias personas.

Ahora ya su hermoso sueño se vuelve pesadilla, a pesar de lo vanos intentos por despertar, ahora pareciera llevar no una, sino dos noches dentro del agua, pero ya sin sentir frío o calor, veía en los atardeceres a varios hombres en canoas pasando por encima de donde ella está, sobre su cabeza, y en otros momentos pareciera ya estar de mañana y los hombres antes en canoas ahora están con trajes negro dentro del agua, la tocaban sin sentirla, la divisaban sin verla; el agua antes cristalina y verde de la laguna ya es un lodazal, mientras ella empieza a rezar a su virgencita santa para que la pesadilla termine, para poder despertar de una vez por todas y estar nuevamente en su cama, con su familia… rezó y rezó una y mil veces más, ahora sosteniendo un rosario que inexplicablemente aparece en su manito derecha, y reza y reza, hasta quedarse nuevamente dormida, no sin antes divisar una extraña luz proveniente del cielo como un resplandor, que cruza y aclara el agua, hasta posarse sobre su cabeza, mientras a lo lejos escucha la voz un pescador gritar:

- Miren, ¿allá... esa la luz del cielo, ven el resplandor que forma con el agua?, allá está la niña, ¡la virgen la está alumbrando!

- ¡Ana!, ¡Ana! -escucho por fin una voz conocida por María mientras volvía a despertar, era la voz de su padre, ya era de día y ya se encontraba en el regazo de su mamá, fuera del agua; ella la apretaba contra su pecho, la acariciaba, la besaba una y otra vez, mientras le susurraba al oído cosas que no podía escuchar; su papá también estaba allí la voz conocida era de él; Ana, así siempre la ha llamado de manera diferente a todos los demás, sin importarle que a ella no le gustara por ser nombre de vieja: Ana María eran sus dos nombres, por fin había despertado de la pesadilla, gracias a Dios y la Santa Virgen todo había terminado, todo había sido un mal sueño, pronto estaré en mi casa, pensó llena de alegría, antes de volver a quedar dormida, quiso buscar el rosario en su manito pero ya no estaba.

María volvió a despertarse con mucha alegría, esperando que su mamá ya hubiera regresado de traer las flores, quería abrazarla, saludar a su papá, así como a todos los demás miembros de su familia, uno por uno; cuando ya se disponía abandonar su lecho para ir a buscar a sus familiares, sus deseos fueron interrumpido por una gran bulla que venía de afuera: ¡Hoy es mi cumpleaños, hoy es mi fiesta! pensó, pero escuchó casi de inmediato a su mamá decirle:

- María, ¿oyes, es la bulla? es por la mudanza, de los vecinos, todos están partiendo y otros ya se han ido, hoy es 11 de agosto María; triste aclaración del ruido porque entonces… tal vez sí pasó lo recordado en el sueño; tal vez casi se ahoga y estuvo inconsciente por varios meses, entonces ya era agosto y abril mes de su cumpleaños había pasado, por eso no le pudieron celebrar sus quince años… se había perdido la fiesta de sus quince años, su última celebración antes de la mudanza, la última fiestas con sus vecinos.

Se sentío tan defraudada y aburrida por lo que decidió entonces dormir un rato más como un acto de rebeldía, sería ella el último miembro en abandonar su morada; la tendrían que sacar de allí cargada... y así fue, pues cuando despertó, sintió a su mamá llevándola en sus brazos, mientras comentaba con alguien:

- Mírenla, está intacta, como la dejé, como si no hubiera pasado mucho tiempo sin verla... palabras que no comprendía.

Cuando quiso abrir los ojos una luz brillante la cegó por lo que sus ojos tardaron varios minutos en ver a su madre, ¿dónde estaba? y ¿qué estaba pasado?, cuando pudo ver con toda claridad se vió en la mitad del Cementerio Municipal de Barrancabermeja, el mismo que según escuchaba de la gente a su alrededor, sería demolido para construir allí un parque… EL PARQUE DE LA VIDA, vio mucha gente sobre las paredes blancas llenas de bóvedas que hacían las veces de fachada de ese cementerio, y vio como su mamá la tenía entre sus brazos como si se tratara de un bebé.

Ana María quiso cerrar sus ojos para volver a dormir, como tratando de escapar de la realidad, pero solo logró afinar sus oídos para escuchar muy claramente las palabras pronunciadas por su mamá:

- La niña duró ahogada en La Laguna del Miedo tres días.

- Cuando la encontraron, no se había hinchado, ni flotado como todos los ahogados, no estaba morada, y ni los peces me la habían tocado.

- Cuando la encontraron, sus ojos negros estaban llenos de brillo como si estuviera viva.

- El médico legista conocedor de mí religiosidad, me respetó a la niña y no le hizo una necropsia completa, y por eso le puedo asegurar que se la devolví a Dios como me la regaló, completamente virgen.

- Yo acostumbro a visitar a mi María todos los días, y estar frente a su tumba minutos antes de la hora que se despertaba cuando estaba viva; ella siempre me da los buenos días.

- Cada día después del saludo, salgo y le compro las rosas en Torcoroma, a ella le gustan.

- Ana María me cuenta que no le gustan la luz de las veladoras que le traen por los milagros, no la dejan dormir.

- María me dice donde colocan en la noche los brujos y brujas sus entierros para hacer el mal a las personas, y al otro día le digo al sepulturero y los sacamos.

- Mire, mi niña, ya tiene 375 placas de agradecimiento por los milagros que ha hecho.

- A ella la han visto aparecer después de muerta sentada en el tercer piso del ferry y en la Laguna del Miedo.

- El obispo: Monseñor Prieto me ha dicho que es muy posible que sea una Santa, solo que ese proceso es largo, puede durar hasta 50 años.

- Los últimos días, la niña me contó que estaba preocupada porque no sabía si con la mudanza a los jardines de La Resurrección a las afueras de la ciudad, la gente la visitaría como aquí.

Y la frase que siempre recuerda y recordará María:

- No sabe lo feliz que estoy porque Dios se llevó a Ana María a su Santo Reino antes de perder su virginidad con ese mariguanero.


Daniel E. Cañas G.


NOTA: El anterior escrito es a la memoria de Ana María, Antes que Santa, una hermosa niña y tal vez una mártir más en la Barrancabermeja donde viví, porque no hay santo o santa sin martirio




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