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LA DESPEDIDA por Alfonso Camargo Fajardo

Fue en aquella tarde de Domingo, cuando llegué al bar de aquel balneario en busca de una gaseosa para mitigar la sed, cuando pude entender plenamente esa canción que siempre me había parecido lastimera. Al entrar fue imposible ignorar a los contertulios, que después de varias horas de estar ingiriendo licor estaban, algunos dormidos y otros aún eufóricos, alrededor de dos mesas que habían juntado y exhibían en sus superficies, una gran cantidad de botellas, vasos y copas medio llenas. Al acercarme a la barra pude escuchar los gritos que varios de ellos, dirigían a una mujer, que difícilmente se sostenía de pie ante la rockola que inundaba con su música aquel lugar.


-¡Otra vez!- gritaron y ella, haciendo un gran esfuerzo, logró introducir la moneda que tenía en una de sus manos, en la ranura correspondiente para hacer que aquel monstruo electromecánico, empezara a realizar los movimientos necesarios para que el disco cayera en su lugar, y la aguja empezara el recorrido lento sobre su superficie circular. Después de una breve introducción musical, se escuchó la voz de Daniel Santos: -"Vengo a decirle adiós a los muchachos porque pronto me voy para la guerra..."-, y entonces, todos los que estaban despiertos en aquel grupo, empezaron a reír a carcajadas. Sorprendido los miré buscando una explicación a dichas risas, y fue entonces, cuando lo vi.


Con la cabeza escondida entre sus brazos apoyados en la mesa, uno de ellos lloraba inconsolablemente, mientras los otros reían. Miré al barman y sin preguntarle me dijo: -Llevan más de una hora en ese sonsonete porque a ese marica la canción lo hace llorar-


Cuando salí del bar no pude evitar el recuerdo de mi madre cuando lloraba a solas, todos los días y en cualquier momento, cuando su hijo mayor estuvo prestando su servicio militar en el otro extremo del país, . De inmediato me acerqué a mi hermano, que hacía cinco años había salido del servicio y le pregunté: -¿Alguna vez lloraste con esa canción mientras estuviste en el ejército?-. Después de un leve esfuerzo por escuchar el sonido que salía del bar, sus ojos se llenaron de lágrimas y mientras me abrazaba con gran fortaleza me dijo: -Con esa canción aprendí a querer a mi mamá y supe lo que es separarse de la familia-.


La ruptura familiar se da por estos sucesos: el servicio militar, el estudio universitario, el inicio de la vida laboral, el matrimonio y por supuesto la muerte. A partir de cierto momento nos hacemos conscientes de nuestra temporalidad, comprendemos que la despedida se dará en cualquier momento, y entonces, el futuro se convierte en una obsesión mayor que el presente, pero... ...lo que dejamos atrás, aunque nunca lo olvidaremos, tampoco lo volveremos a tener.


Nada volverá a ser como antes, es el mensaje subliminal de aquella canción. Todo lo que queda atrás, aunque no lo olvidemos y aunque lo encontremos en un eventual regreso, no nos dará el mismo gozo de antes de nuestra partida porque otras personas, lugares, sucesos y cosas le enseñaron otras emociones a nuestro corazón.

Después de la despedida, el recuerdo es lo único que nos mantiene aferrados al pasado.


Alfonso Camargo Fajardo


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados