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12. IDENTIFICACIÓN EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 13 de oct de 2018

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buen Día, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Pasaje inicial de la novela CIEN AÑOS DE SOLEDAD – Gabriel García Márquez.

Y ahí estaba yo, recordando a Cien Años de Soledad, mientras observaba como mi amigo Federico Durán, al día siguiente de haber recibido su tarjeta de identidad, estaba adivinando el primer número de esta frente a un sargento del ejército, mientras gruesas gotas de sudor bajaban por su cara a pleno media día de la Barrancabermeja donde viví.

- ¿Chino su tarjeta de identidad y dígame el Número?, me había preguntado momentos antes el mismo sargento, un hombre quemado por el sol curtido de mil batallas al mando de un pelotón militar:

- ¡621210-03622! respondí de memoria, para recibir como recompensa, la devolución de mi tarjeta de identidad y poder continuar mi camino.

- ¿Y ahora usted pelado, deme su tarjeta de identidad y dígame el número?, continuó el mismo sargento con mi amigo Federico, un año menor ).

- ¡-El primero es………………………¿-un cinco?....¡no, no, no espere!…….¿-es un cuatro?...... ¡no no no espere! exclamaba de manera angustiado mi amigo una y otra vez, cuando el sargento levantaba su ceja izquierda en señal de desaprobación……….. ¿- es seis?, tal vez con un poco de malicia infantil y viendo que la ceja izquierda no se movió, enseguida levantó la voz y lo confirmó:

-¡El primer número de mi tarjeta de identidad es el seis!, reafirmó con orgullo.

- ¿y el segundo?, le pregunto el sargento

- El segundo es: ... Y nuevamente repitió igual ...

-Ahora sí es un cinco, no? ….. ¡no no no!, espere, ¿es un siete? ¡no, no, no! ... ah ya, es un nueve?

La preocupación y susto de mí amigo Federico no era por nada; pues en nuestra época de infancia eran frecuentes ver en las calles de mi Barrancabermeja constantemente patrullas de la policía y el ejército “Pidiendo papeles”; tanto la cedula de ciudadanía a los mayores de 21 años, como la tarjeta de identidad a los menores de esa edad.

Para nosotros los niños de ese tiempo, lo complicado era aprender de memoria los nueve números de nuestras tarjetas; nuestra inocencia llegaba hasta el límite de no caer en cuenta que los seis primeros dígitos correspondían al año de nacimiento, el mes y el día… los otros cinco números, confieso que es hoy en día y para mí y muchos sigue siendo un misterio, por lo que agradezco si alguien de los lectores quiere compartir el origen o significado de esos cinco números , se lo agradecería o agradeceríamos.

Tres cosas te podían suceder cuando un pelotón de la policía o el ejército en paro cívico, te solicitaba la tarjeta de identidad, todas con un mismo final: La primera, que no hubieras sacado todavía la tarjeta de identidad… el final: Para el camión y para la estación de policía o el cuartel del ejército a barrer las canchas; La segunda era, tener la tarjeta de identidad y no portarla… el final: Para el camión y para la estación de policía o el cuartel del ejército a barrer las canchas, y la tercera y última, tener la tarjeta de identidad, portarla, mostrarla y no saber el número de memoria cuando un policía o un soldado lo preguntaba, mientras verificaba si el niño de la foto era el mismo que estaba asustado al frente de él tratando de recordar el número… el final: Para el camión y para la estación de policía o el cuartel del ejército a barrer las canchas.

No hay duda, saber de memoria nuestro número de la tarjeta de identidad, era la primera y mayor prueba de memoria por fuera de nuestras aulas escolares.

¿Qué le paso a mi amigo Federico?... El Sargento, después de media hora bajo el sol, y viendo como llevaba adivinando los cuatro primeros números de nueve, le tiró al piso la tarjeta de identidad, cuando se dio cuenta que su fecha de expedición era de pocos días, no sin antes advertirle:

- ¡Se me aprende el número al derecho y al revés o la próxima vez me lo llevo!

La historia no termina aquí, pues al lado nuestro estaba un vecino de otra cuadra esperando turno con su tarjeta de identidad en la mano, temblando del susto y repasando en voz baja el número de su tarjeta de identidad.

No saben la sorpresa del sargento cuando se dio cuenta de algo que ya sabíamos todos nosotros, por lo que a pesar de poder seguir caminando preferimos esperar ese momento para ver como terminaba el asunto, pues el niño era tartamudo.

-¡Hp Si estoy salado hoy!, le oímos decir al sargento, poco antes de tirar la tarjeta de identidad del vecino al piso y verlo subir junto con su pelotón al camión que lo esperaba.

DANIEL E. CAÑAS G.



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