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17. EL TREN FANTASMA EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ: 👻🚂

Actualizado: 13 de oct de 2018

Era una noche diferente, de esas propias de un martes trece, era una noche con luna llena preludio de sucesos sobrenaturales… y bajo su resplandor sentado en la banca de la esquina junto con tres vecinos de la “gallada” o “parche” se hablaba de fantasmas, tema iniciado con el paso de varias personas por nuestro lado; todos


anunciando:

- No volverá a salir el tren de los fantasmas.

Independientemente de tantas noches de terror vividas en esos vagones, nos embargó una sensación de remordimiento, tristeza, pues de cierta forma sabíamos que ellos, los fantasmas, salían a espantar solo por necesidad, pero también una sensación de culpa ajena por los pelados más grandecitos del barrio Palmira y barrio vecinos del tren donde salían los fantasmas. Bueno... hasta esa noche.


A cien metros de donde nosotros conversabamos, estaba la Cancha de la Bombonera, era el sitio donde llegaban circos y las “ciudades de hierros”, hoy llamadas “atracciones mecánicas”, nuestros parques de diversiones en ese tiempo. Mientras los circos llegaban en el sitio donde se construyó la USO Nacional, las ciudades de hierro lo hacían al lado oriental de la cancha, por lo que casi siempre ubicaban su entrada a un costado de la Avenida de los Periodistas, frente a la esquina ocupada en ese tiempo por un bar: El Bambú (ya desparecido) en el Barrio Palmira.


No sé, sí era por nuestro tamaño o no, pero mientras más retrocedemos en nuestra memoria, descubrimos “ciudades de hierro” más imponentes, siempre con su atracción insignia: “La Rueda Chicago”, o ruedas, porque también habían compuestas por tres ruedas al mismo tiempo. El momento de mayor soledad en esos parques de atracciones, era quedar suspendido en lo más alto, mientras bajaban o subían la gente en la rueda; y no era para menos, siendo Barrancabermeja un valle, parecíamos alcanzar el firmamento con nuestras manos.


Cada juego mecánico, era transportado por un tracto camión o “mula”, por lo que adicionalmente, fuera del espacio donde se instalaban las atracciones mecánicas y la subestación eléctrica, se requería otro adicional para parquear los cabezotes de esos vehículos, así como otras “mulas” para servir de hotel a las personas que viajaban con ellas.


Con el tiempo, y gracias a la moneda de pago para cancelar los arreglos en la carpintería de mi padre o pases de cortesía, no había atracción mecánica que no visitara varias veces. Además de la Rueda Chicago, también habían otras atracciones como: La Montaña Rusa, los Carros Chocones, el Carrusel de caballos o carros, el gusano, las Sombrillas voladoras, los platillos, el trencito, las lanchas, el cohete, y muchas otras atracciones, y la más terrorífica de todas: En tren fantasma, conformada por vagones conducidos sobre rieles a través de una oscuridad completa, solo interrumpida con la presencia de fantasmas y monstruos que "habitaban" allí y salían al paso de los vagones; la mayoría ocupados por enamorados, donde el novio buscaba mostrar su valor.


EL TREN FANTASMA, era una de las atracciones principales más visitada y por esos siempre había largas filas, hasta cuando por culpa de algunos usuarios “innovadores” de mi barrio, o muy vagos, o muy estudiosos y talvez seguidores de la teoría física de: La suma de energía en un universo plano es cero, se les ocurrió la grandiosa idea de entrar ocultos entre sus pantalones palos de madera con el fin de que existiera un equilibrio entre: La energía de los sustos y la energía de los asustados. El palo era para pegarle a cada fantasma que los espantara, todos ellos personificados por persona muy humilde.


Fueron tantos los incidentes presentados que esa noche, según comentarios escuchado se acabaría El Tren Fantasma, dando paso muchos años después a otra atracción parecida: El Castillo del Terror solo con la modificación de ser recorrida caminando.


Junto a las atracciones mecánicas, también llegaban carpas utilizadas para la venta de comida o juegos; de estas últimas la que más entusiasmaba a los muchachos mayores, menos amante de la física y más amantes a la rapidez del Oeste Americano (por series de televisión como Bonanza), era: El tiro al blanco, el cual consistía en disparar una carabina de viento y tratar de pegarle a unas cajetillas de cigarrillo con billetes de diferente denominación y distancia, siendo los de mayor valor adquisitivo los billetes que quedaban bien atrás casi pegados a la carpa de la parte posterior. El truco para NO ganar tan fácil era tener la mira del rifle sin calibrar, el cañón torcido y por último el dardo que se disparaba también arreglado. El truco para SI ganar lo tenían ellos mis vecinos mayores, para eso conformaban grupos de cuatro "vaqueros": El primero era él que disparaba y entretenía al que atendía el sitio, el segundo se paraba en la esquina anterior de la carpa, un tercero se paraba en la esquina posterior de la carpa y el último casi siempre por fuera de la ciudad de hierro (en el lote de la cancha) era él quien le pegaba con una piedra a la carpa del fondo cuando recibía la señal, para hacer caer la cajetilla con el billete de mayor valor; disparo y piedra eran simultaneo.

Una vez más queda demostrado lo ingeniosos que solíamos ser…. Todo eso por allá en los 80 en la Barrancabermeja donde viví.


Daniel E. Cañas G.

© 2018 by Daniel E. Cañas Granados