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EL PADRE ROCERO...NACHO

La llegada de la semana Santa en mi barrio Palmira era anunciada con quince días de anticipación con la llegada de un sobre de nuestra parroquia: Nuestra señora del Carmen con una nota en donde no solo se daba a conocer los diferentes eventos con motivo de la crucifixión de Cristo, sino también solicitaban una “ofrenda voluntaria” para arreglar el templo, al final de la nota siempre la misma firma… la del presbítero Jesuita: Ignacio León Rosero Rivera, más conocido por el Padre Rosero, o como mucha gente lo conocían: EL PADRE NACHO. De Túquerres (Nariño); sacerdote llegado un día a finales de los años cincuenta a trabajar en un barrio sin iglesia... Palmira.


No hay duda que él fue el fundador de la fe apostólica y Romana en mi barrio, y su tarea no fue nada fácil debido a la competencia porque las mismas almas eran también buscadas por otras dos iglesias Evangélica muy cercanas a su iglesia, una de las cuales con un pastor alto directivo de ECOPETROL, por lo que el milagro de conseguir trabajo asistiendo a esa iglesia eran casi a diario, solo con el compromiso de destinar el diez por ciento de su pago quincenal para la iglesia y a su pastor. El padre Rosero construyó a pulso lo que hoy es la iglesia de Nuestra Señora del Carmen o iglesia Palmira, a punta de rifas de cabros y bazares en donde una de las atracciones para los niños era la llamada “pesca milagrosa” (nombre plagiado muchos años más tarde por la guerrilla). Esa pesca no era con armas y era así: Nuestros padres amarraban un billete en una cuerda, la cuerda con el billete subía a un segundo piso y luego por la cuerda bajaba una sorpresa dentro de un cilindro pequeño armado de cartulina forrada en papel regalo; nunca supe cuál era la mayor sorpresa: O para el niño cuando veía lo que traía adentro, casi siempre se trataba de un pito, una pirinola o un dulce; o para los padres cuando veían que lo recibido en la sorpresa no superaba ni la tercera parte del valor del billete que habían amarrado a la cuerda. Entre más grande el billete, más grande la sorpresa; por ejemplo en mi caso recuerdo que nunca me salió uno de los tantos carritos que si le salían a los niños con papás más ricos que el mío.


El padre Rosero fue para los habitantes del barrio Palmira su Cristo encarnado; siempre bien vestido, con la ropa impecablemente limpia y planchada; con su voz casi de Chileno siempre acompañaba a sus feligreses en bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios, o casi matrimonios, porque nada más común en los matrimonios de esa iglesia que las novias plantadas en el altar pronunciando siempre las mismas palabras antes de romper en llanto: "Ese HP no vino".


Sin duda ese padre hizo muchos milagros; uno de los cuales fue hacer aparecer una mañana al lado de la iglesia recién construida una torre petrolera, o lograr a una multitud asistir a misa en una iglesia donde se reunían todos los murciélagos de Barrancabermeja y sus alrededores, o iluminar cada navidad el parque del barrio con interminables filas de bombillos multicolores colgados en cuerdas que desde la corona de la torre de la iglesia llegaban hasta cada una de las casas que rodeaban el parque, iluminación que se veía desde hoy queda la Universidad de la Paz dando la bienvenida a lo lejos a las personas que llegaban a pasar vacaciones a su Barrancabermeja querida.


El padre también estuvo pendiente de proteger en el As de Copas a sus feligreses manifestantes y a los miembros de la USO de los abusos de la policía o el ejército durante los constantes paros cívicos de esas épocas. Pero sin duda el milagro más importante de todos fue el salvarle la vida a cinco policías que estaban siendo "apedreados" por una turba de gente en un costado de su iglesia (donde hoy está la polideportiva del barrio Palmira), el padre interpuso su cuerpo entre los policías y sus agresores para después entrarlos a la iglesia.


El padre Rosero vivió muchos momentos alegres, pero también otros muy tristes como lo dijo muchas veces: “No es fácil ver partir a muchos amigos, darles sus Santos óleos y celebrar las misas de sus sepelios" , como el caso de mi padre... aquel carpintero del barrio, él de las puertas y ventanas en Guayacán a quien de vez en cuando le llevaba una que otra banca rota de la iglesia para su arreglo; Cómo olvidar esas procesiones de semana Santa en mi barrio y en ellas al padre Rosero con su megáfono caminando por las calles algunas "asfaltadas" y muchas sin "asfaltar" ... Sin importar el sol o la lluvia, rodeado por pobres y los menos pobres del barrio, tal vez pidiendo perdón por todos nosotros los niños con nuestras travesuras confesadas a él, o pidiendo perdón por aquellos vecinos que muy seguramente le confesaban pecados más grandes que los nuestros, sin importar sí eran delincuentes, policías como él“El Zurdo” o “Silva” vecinos también del barrio.


No hay duda, que en la Barrancabermeja en donde viví, vivió un Cristo, que vino del sur….de Túquerres, muy cerquita de Ipiales.


Por: Daniel E. Cañas G.



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