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10. EL PADRE NACHO DE LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 10 de jul de 2018

La llegada de la semana Santa en mi barrio Palmira era anunciada con una semana de anticipación con la llegada de un sobre de nuestra parroquia: Nuestra señora del Carmen, con una nota en donde no solo se daba a conocer los diferentes eventos con motivo de la crucifixión de Cristo, si no también solicitaban una “ofrenda voluntaria” para arreglar el templo, al final de la nota siempre la misma firma…la del presbítero Jesuita: Ignacio León Rosero Rivera, el Padre Rosero, o como mucha gente lo conocían: EL PADRE NACHO. De Túquerres (Nariño), quien llegó un día a finales de los años cincuenta a trabajar en un barrio sin iglesia...Palmira.


No hay duda que él fue el fundador de la fé apostólica y Romana en mi barrio, su primera misión fue atraer feligreses, los cuales eran buscados por otras dos iglesias Evangélica muy cercanas, una de las cuales, con un pastor alto directivo de ECOPETROL, por lo que los milagros de conseguir trabajo en esa iglesía eran casí a diario y destinar el diez por ciento del pago mensual para esa iglesia y a su pastor también.


El padre Rosero construyó a pulso lo que hoy es la iglesia de Nuestra Señora del Carmen o iglesia Palmira, a punta de rifas de cabros y bazares, en donde una de las atracciones para los niños era la llamada “pesca milagrosa” , nombre plagiado muchos años más tarde por la guerrilla. Esa pesca, se resumia así: Nuestros padres amarraban un billete en una cuerda, la cuerda con el billete subía a un segundo piso y luego por la cuerda bajaba una sorpresa dentro de un cilindrito en cartulina forrada en papel regalo para nosotros y dos para nuestros padres: Para nosotros, casi siempre un pito, una pirinola o un dulce, y para nuestros padres dos sorpresas; la primera comprobar que lo recibido por el billete no superaba el cincuenta por ciento del billete perdido y la segunda era que una vez destapada la sorpresa ya estaban los niños pidiendo otro de sus escasos billetes para amarrarlo en la cuerda, con la esperanza para ver si por fin les salía un carro como el que le salió al vecino rico del barrio.


El padre Rosero fue para los habitantes del barrio Palmira su Cristo encarnado; siempre bien vestido, con la ropa impecablemente limpia y planchada, con su voz casi de Chileno, acompañando a sus ferigreses en bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios, o casi matrimonios, porque era muy común ver novias plantadas en el altar pronunciando simpre las mismas palabras antes de romper en llanto: "Ese HP no vino".


Sin duda ese padre hizo muchos milagros; uno de los cuales fue hacer aparecer una mañana al lado de la iglesia recién construida una torre petrolera, o lograr a una multitud asistir a misa en una iglesia donde se reunían todos los murciélagos de Barrancabermeja y sus alrededores, o iluminar cada navidad el parque del barrio con interminables filas de bombillos multicolores colgados en cuerdas que desde la corona de la torre de la iglesia llegaban hasta cada una de las casas que rodeaban el parque y que daba la bienvenida a lo lejos a las personas que llegaban a pasar vacaciones a su Barrancabermeja querida, o estar siempre pendiente de proteger en el As de Copas o en su iglesia a sus ferigrese manifestantes y miembros de la USO de los abusos de la policía o el ejército durante los constantes paros cívicos. Pero sin duda el milagro más importante de todos fue el salvarle la vida a cinco policías que estaban siendo "apedreados" por una turba de gente en un costado de su iglesia (donde hoy está la polideportiva del barrio Palmira).


El padre Rosero vivió muchos momentos alegres, pero también otros muy triztes como lo dijo muchas veces: “no es fácil ver partir a muchos amigos, darles sus Santos óleos y celebrar las misas de sus cepelios", como el caso de mi padre... aquél carpintero del barrio, el de las puertas y ventanas en Guayacan a quien de vez en cuando le llevaba una que otra banca de la iglesia para su arreglo.


Todavía recuerdo las procesiones de semana Santa en mi barrio y en ellas al padre Rosero con su megáfono caminando por las calles "asfaltadas" y sin "asfaltar" .. sin importar el sol o la lluvia, rodeado por pobres y menos pobres del barrio, tal vez pidiendo perdón por todos nosotros los que cada semana nos confesabamos con él por nuestros pequeños pecados cometidos …. o pidiendo perdón por aquellos vecinos, que muy seguramente les confesaban sus pecados más grandes que los nuestros, como sus asesinatos sin importar sí eran delincuentes, policías o esquizofrénicos como lo fueron “El Zurdo ”, “Silva” o el vecino frente a su casa cural, quien una mañana “lleno de ira” mató por la espalda al señor de la tienda Las Américas por cobrarle un "fiado" que había hecho aun sin pagar.

No hay duda, que en la Barrancabermeja en donde viví, vivió un Cristo, que vino del sur….de Túquerres, muy cerquita de Ipiales.


Daniel E. Cañas G.



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