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EL OCASO DE UN FOTÓGRAFO Por Jaime Arnache

Hay historias que tienen moraleja o enseñanza detrás de ellas, historias que son muy poderosas, porque no solo son la fotografía de una existencia, sino porque pueden llegar a ser un espejo para nuestra vida… Una de esas historias la descubrí cuando me encontraba haciendo fotos en un evento de ayuda para más de 70 adultos mayores. Fui invitado a acompañar ese momento y me encontraba mezclado entre donantes, visitantes y los adultos, observando rostros y buscando ángulos para el registro fotográfico. Estaba concentrado en mi labor cuando alguien me tocó el hombro. Al voltear me encontré con un hombre de cabellos blancos, que llevaba puesta una gorra azul. Me saludo. Su mirada denotaba melancolía, olvido, soledad. Me preguntó: Muchacho, ¿Usted es fotógrafo… o viene solo por lo del evento? Su pregunta me hizo sonreír... Le respondí que lo mío es pasión por la Fotografía. El se sonrió a su vez, su mirada ya no se veía tan triste. Me dijo: Yo soy fotógrafo pero hace muchos años no cojo una cámara. Sin pensarlo le dije que me parecía fantástico y le respondí: ¡Ayúdeme a hacer las fotos! Él bajo su mirada: Hace más de 15 años no cojo una cámara. Mis cámaras era de rollo, nunca he disparado una cámara digital…Mis equipos los quemé en un arranque de rabia por discutir con un familiar” Sentí su tristeza y le respondí conmovido que lo lamentaba mucho. Tranquilo ya hace parte del pasado, me contestó. Estoy cansado ¿Nos podemos sentar? Sentí el impulso de acompañarlo, de escucharlo. Entendí que ese instante era la oportunidad para contar su historia y que la casualidad me había llevado allí para conocerlo. Me dijo que se llamaba Alberto Rueda Cabarique, fotógrafo de toda la vida . Desde muy joven aprendió esta profesión, casi como un arte, de la mano del Viejo Malagón, un fotógrafo de la vieja guardia, muy conocido en Barrancabermeja… La mayor alegría como fotógrafo la vivió cuando un periodista de vanguardia Liberal, Ignacio Guevara, le compró por 120 pesos los retratos de los seis concejales elegidos en el año 1978….Se le iluminaron los ojos narrando su emoción al verlas publicadas. Vivió gran parte de su vida en la ciudad, ganándose la vida con la fotografía y adquiriendo experiencia y ahorrando. Cuando tuvo suficiente dinero se compró una cámara Yashica, empacó sus pocas cosas y se fue de la ciudad. Deseaba hacer dinero y lo logró. Llegó a tener trabajo de manera regular y tranquilidad económica, pero todo lo perdió: Cuando no eres casado, ni tienes hijos, ni por quién preocuparte…. No mides los limites….llegas a donde me encuentro en este momento…los juegos de azar fue mi mayor adicción…Ahora estoy aquí, en una esquina de la habitación hace más de 3 años después de estar deambulando de un lado para el otro. Tomo más de 10 pastillas diarias, me amputaron un dedo del pie…creo que por el azúcar….así mismo la vista ya me falla, utilizo gafas pero además de eso uso la lupa para poder leer…” La mirada de Alberto perdió su brillo. Fue como si el foco que encendió por un instante el recuerdo fugaz de su pasión por la fotografía se apagara, quedando solo una imagen gris, la instantánea de su vida. Un momento que quedó en un recuerdo sin registro, solo mellando con dolor la memoria de quien lo vive. No supe que decir. Él mantuvo el silencio hasta que algo pasó, tal vez me llamaron a tomar algún registro o simplemente el tiempo terminaba en aquel hogar. Ya en mi casa revisé algunas fotografías y me encontré con las de Alberto…Pensé que solo había conocido una historia, y me pregunté por la de los demás adultos mayores en el ocaso de sus vidas, que en esta noche sueñan tal vez con la ilusión de poder tocar un hombro, como el mío o el suyo, amigo lector, y poder ser escuchados, poder recordar que un día fueron jóvenes y sonrieron, que tuvieron una razón para ser felices. Me sentí honrado y agradecido de haber tenido ese instante que apenas pudo ser registrado en estas fotografías que para mí son invaluables y que con este mensaje les comparto.

Jaime Arnache

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