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El EMBRUJO DE POZO SIETE Por Uriel o Villalobos Cadena.

Actualizado: 29 de oct de 2019

A continuación, un relato del gran escritor de estas tierras por “adopción propia” el gran Uriel Villalobos Cadenas; pero primero, un pequeño dialogo entre dos personajes de una novela en gestación…


-¡No puede ser capitán!, ya con esta son siete las mujeres ultrajadas y marcadas como animales encontradas tiradas aquí en Pozo Siete; todas con la misma expresión de horror en su cara; todas con los ojos abiertos, desorbitados y como si la última visión hubiera sido ver al mismísimo Lucifer.

-¡Ojalá hubieran visto al demonio José!, -contesto el capitán denotando una tristeza llegada desde el fondo de su alma; la misma que sentía cada vez que le informaban la aparición de un cuerpo o un pedazo de cuerpo en pozo siete.

Ahora sí, EL EMBRUJO DE POZO SIETE, relato escrito por Uriel:


En las afueras de Barrancabermeja, en dirección hacia el nororiente, había una hermosa hondonada formada por el estancamiento de las aguas de una quebrada. Eran aguas cristalinas que descendían por entre colinas y la boscosa vegetación del lugar. El agua se estancaba en un remanso, sobre limpias y gruesas arenas, bajo un grupo de altos y frondosos árboles. Hasta allí solían desplazarse muchos pobladores vecinos a bañarse y a descansar, dada la tranquilidad y belleza del lugar.


Con el inicio de la industria petrolera en la región, por los años veinte, La Troco construyó un ferrocarril, para transportar su personal y materiales, desde Puerto Galán hasta El Centro. A los siete kilómetros del puerto, la línea atravesó la quebrada justo por una orilla de la hondonada, respetando así su belleza natural. La gente empezó entonces a llamar a la hondonada con el nombre de Pozo siete. La línea significó mayor ocurrencia de personas a disfrutar de sus cristalinas aguas de Pozo Siete, como quiera que el camino se agilizó bastante; Además, el paso del tren tirando vagones se convirtió en un atractivo muy especial para el lugar.


Pero la ilusión de la riqueza petrolera trajo también a la religión muchos vicios, oscuras pasiones y bajos sentimientos, encaminados a sacar cualquier ventaja de la riqueza petrolera. Por su ubicación estratégica en el desplazamiento de la riqueza del Oro Negro, en Pozo Siete se concentró todo tipo de práctica hechicera y cultos supersticiosos, ejecutados por mujeres de la vida, meretrices, avivatos y toda gente del bajo mundo, buscando atrapar gringos, empleados petroleros o cualquier negocio que permitiera beneficios de Oro Negro. Se asegura que imágenes de Santos, representaciones de misteres, supervisores, staff, capataces y otras personas de la Troco, atravesadas con alfileres y atajadas con cadenas fueron arrojados a la hondonada. También se afirma que un viernes santo, un grupo de supersticiosas mujeres, vestidas de diablas, insinuadas por un brujo, se sumergieron en la en la hondonada abrazando a una imagen de Satanás. Así pactaron con Lucifer entregarle un gran número de riqueza y poder. A las doce de la noche las incautas mujeres se lanzaron al remanso. Cuando las diablas salieron de las aguas, inmediatamente truenos, rayos y centellas empezaron a caer en la hondonada, con lo cual, según el brujo, Satanás anunciaba que e pacto quedaba sellado.


Así se generó en Pozo Siete un fuerte hechizo y embrujamiento. Desde entonces, en la hondonada, se produjo una especie de misteriosa chupadera que atrapaba y desaparecía hombres, especialmente jóvenes.


Se dice que, en pleno apogeo de la Troco, el fuerte hechizo hizo descarrilar allí el tren, cayendo a la hondonada uno de los vagones con varios trabajadores petroleros hombres. El vagón y todos sus ocupantes desaparecieron misteriosamente bajo las cristalinas aguas, no obstante, la poca profundidad de la hondonada.


No puede ser, ya cuentan los abuelos que, e las madrugadas, en cierta época del año, se escucha en la cercanía el ruido y el pito de un tren que se aproxima pero que nunca llega. El ruido se dirige hacia donde daba la hondonada, luego se oye un estrépito como el producido por el descarrilamiento de un tren y después todo queda en un silencio tan profundo que atemoriza a todos, pues los perros empiezan a aullador y las gallinas se espantas cacareando en medio de la noche.


Así mismo, la gente que pasa por el sitio en horas avanzadas de la noche, aseguran escuchar quejidos, gritos y lamentos como de muchas personas que agonizan o sufren profundamente.


Los pobladores, buscando acabar con el hechizo, abandonaron y llenaron de tierra la hondonada, pero como según se dice, el número de almas pactado no se ha complementado, de madrugadas, los transeúntes ven en el sitio un caballero elegantemente vestido, haciendo señas con la mano para que se les acerquen. Se afirma que quienes vean alguna vez al elegante caballero, de algún modo, el hechizo los volverá a acercar a Pozo Siete para entregar allí su alma al diablo. Incluso, se da fe que quienes contaron haberse topado con el mencionado sujeto, ciertamente, la ruleta del destino nuevamente los pasó en mala hora por Pozo Siete, para perder allí la vida.


Se asegura que el elegante caballero es el mismo Lucifer, quien cada vez que corresponde cobrar una su cuota de almas, según el pacto, llega y selecciona las personas ganadas que se llevará. Como ya no hay bañista, por la desaparición de la hondonada, se lleva a los transeúntes que tengan la mala suerte de verlo.


Pozo Siete se hizo famoso por su embrujamiento. Aquella belleza, aquella tranquilidad y hasta la misma hondonada desaparecieron. Mas no su significado de muerte, porque, ciertamente, numerosas personas han perdido la vida allí, en inexplicables accidentes o en forma violenta y casi siempre de hombre jóvenes.



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