Buscar

5. EL CIRCO EGRED HERMANOS EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 12 de jul de 2018

Muy cerca de donde mi padre tenía su carpintería (frente al Gachaneque), existía un gran lote lleno de vegetación, era la barrera natural entre el barrio Palmira y el barrio Galán Gómez.


Mientras en mi barrio Palmira, sus habitantes se ganaban la vida en oficios diferentes al del sector petrolero, en el barrio Galán Gómez todos sus habitantes eran trabajadores de Ecopetrol; ese barrio era conocido como "Hueso blanco", pues se decía que por las cuotas que debían pagar a la petrolera cada mes eran tan elevadas, que una vez cancelada, la comida de sus habitantes se limitaba al jugo proporcionado por un hueso en una olla con sal, hueso que amarraban deuna pita para tenerlo suspendido sobre la estufa y poder así utilizarlo en varias ocasiones.


Como dato curioso tengo que escribir, la pretensión de sus primeros habitantes, referente a un permiso que les permitiera colocar un cerramiento en malla similar al que ya existía para esa época en los barrios Yariguies y El Rosario, pretensión que causó malestar en los habitantes de los barrios vecinos y entre ellos como es de suponer en mí barrio Palmira.


Las infancias en el barrio Galán y el barrio Pálmira, se vivían de manera diferente; diferencia que se puso de manifiesto, desde cuando fuimos "descubiertos" por los niños del barrio Galán en la selva donde tiempo atras funcionó un aeropuerto.


Nuestros conquistadores, todos niños con camisa limpia, pantalones largos y zapatos, mientras nosotros (los de Palmira), sin camisa, con pantalonetas y descalzos: nadie se puede imaginar la sorpresa del encuentro para esos niños bien "arregladitos", pues para ellos hasta ese día y fecha, Barrancabermeja terminaba en el tanque del agua elevado de la carrera 28, donde hoy es una de las entradas de la Normal de Cristo Rey; es decir, el lote de Avianca.


Nosotros “entrábamos” a ese lote a matar lobos “polleros” con cauchera y piedras, ellos (los de Galán), tiempo después, llegaron con rifles de aire (o diablos); fue allí donde descubrimos que hasta su niño Dios era muy diferente a nuestro niño Dios…se llamaba: ECOPETROL, quien les traía regalos de una tecnología nunca vista por nuestros ojos; fue allí también, donde descubrimos los carritos a control remoto, muy diferente a los nuestros “tirados” por una pita.


Un día ese lote fue limpiado por obras públicas, y allí se construyó una cancha de Futbol (en el espacio que hoy ocupa La Normal), la que se le llamó: La Bombonera, y fue en ese momento donde por fin, las casas del barrio Palmira se pudieron observar desde las casas de barrio Galán, poniendo fin a la brecha tecnológica y cultural que existía entre los niños de los dos barrios.


Comenzamos a ver más seguido a los niños del Galán en compañía de sus padres, especialmente en los circos y “ciudades de hierro” que aprovecharon limpieza del lote para instalarse a lado de la cancha; en el caso de los circos, donde hoy está la USO. A proposito de circos, un día llegó en el año 1969 el más grade circo que ha visitado hasta hoy a Barrancabermeja: EL CIRCO EGRED HERMANOS, circo que después desaparecería en Perú a causa del suicidio de dos de los hermanos (dueños) en menos de 20 días, y de un incendio. Ese circo tenía entre sus atracciones, toda una variedad de animales africanos (hasta un orangután) y ofrecía varios actos de acrobacia aérea. Circo de ese tamaño, donde había sillas para 985 personas, nunca más sería visto por estas tierras.


Recuerdo que un día un buen vecino del barrio Pálmira, asombrado por ese circo, un día en horas de la tarde, se acercó al lugar donde estaban los animales y sacó de su mochila llena de bananos uno para darle de comer a un elefante, cuando Gerardo continúo su camino a casa, el elefante se soltó del arbusto donde estaba amarrado, y se fue con detras de él, tratando de meter su moco en la mochila… nunca en mi vida olvidaré la cara de “encartado” de Gerardo, así como los gritos de burla de la gente que lal verlo pasar le gritaba:

-¡lléveselo para la casa¡…¡Cójalo de llavero¡ o ¡bonita la mascota¡, entre otras burlas.


En fin… gracias a la Bombonera, y a una cortada con un vidrio de una botella en uno de mis pies, y especialmente a los niños venidos del barrio Galán Gómez, comencé a usar siempre en la calle zapatos, en la Barrancabermeja donde viví.


Daniel E. Cañas G.

© 2018 by Daniel E. Cañas Granados