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Hoy-LOS REYES MAGOS EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: ene 5

Cuando pensé en escribir sobre nuestros días de Reyes Magos en la Barrancabermeja donde viví por allá a finales del siglo pasado, mi primer recuerdo fue que ellos siempre llegaban todos los años el mismo día: El seis; no como ahora que llegan cualquier fecha durante los primeros quince días del mes de enero, como si hubieran cambiando los camellos por tortugas; y todo gracias al salvador del turismo en Colombia: Raimundo Emiliani Román, personaje costeño, fiestero y admirador de la belleza de la mujer colombiana, quien promovió la creación de la ley 51 de 1983, en donde se determinó que algunas fechas que aparecían en rojito a mitad de semana en nuestro calendario se “corrieran” para el siguiente lunes, convirtiéndose de paso en el hombre que más puente ha construido en el mundo sin ser ingeniero Civil.

NUESTROS DÍAS DE REYES MAGOS

Si nos preguntaran: ¿Cuál sería nuestro mayor recuerdo del día de reyes magos por allá a finales del siglo XX?, de seguro contestaríamos lo mismo: EL PASEO; los invito pues a recordar en las siguientes líneas ese día mágico que muchos vivimos:


Todo comenzaba en día anterior con la contratación del vehículo que nos transportaría en día anterior, cuyo tipo cambiaba de especificaciones según la condición social: Para los barrios más adinerados como el Mario Galán Gómez (Barrio Galán), la gente contrataba un bus salvo la familia Vesga la de la tienda Mundial 80, cuyo patriarca de nombre Hermes tenía sus propios camiones en donde repartía cerveza para todo el municipio; en cambio si “la cuadra” era más bien pobre como la nuestra en el Barrio Palmira, siempre se recurría a nuestro vecino lechero y a su destartalado camión que lo único que tenía como nuevo era ese par de cornetas con sonido de pito de tren con la que avisaba al vecindario que “había llegado la leche”.


El día seis de enero siempre comenzaba con la misma noticia: El camión no puede arrancar, lo que obligaba a buscar a última hora sin importar a que costo un nuevo transporte; ningún marido estaba dispuesto a dejar a su mujer y suegra con el “chingue” puesto, porque sabía que de ser así su año desde ese día cambiaría para mal.


Y todos para arriba de nuestro nuevo transporte; las primeras en subir eran las gallinas que ya habían sido sacrificada con anterioridad, ollas, platos, vasos, gaseosa, hielo, la olla por supuesto y muchas otras cosas eran subidas en el camón; nuestros padres ya estaban a esas tempranas horas sus primeras cervezas, y una que otra garrafa también era empacada. Tías, mamás con sus hijos, suegras, Hermanas y primas seguían en el abordaje del vehículo… por último los chachos, nuestros héroes: Nuestros padres.


Y siempre, cuando el camión ya había avanzado los primeros metros el grito de nuestra madre: -¡Esperen, Esperen…se me quedó la casa sin trancar!, -el cual iba secundado por el de una de las vecinas acompañantes: -¿Nadie se acordó de echar la sal”, y de uno de los vecino a sus hijos: -Pelotudos, ¡Si se acordaron de traer la Sanyo y el casset donde está Roberto Ruiz?, -Me imagino que las pilas que tiene no están gastadas.


Y mientras esperábamos a nuestras madres y a la vecina que se bajó por la sal y a los pelados que se bajaron por la grabadora, la música y a comprar pilas en la tienda, era el momento para que los papás cambiaran el destino escogida días antes, ante tanta demora para partir:


LOS DESTINOS:

Los destinos de nuestros paseos, eran siempre los mismos:

a) El Cincuenta o la Llana vía Yarima.

b) La Putana vía a Bucaramanga.

c) El puente, o La Chava, o Castalia, o Kikelandía en la ciénaga de San Silvestre.

d) La Laguna del Miedo en Yondó.


Para elegir el sitio del paseo, siempre eran considerados estos factores:

1. Donde fuimos la última vez.

2. Si éste año estaba o no bonito el sitio según el criterio de un vecino que ya había ido a ese sitio 1 de enero.

3. La peligrosidad del sitio: Por ejemplo, no recuerdo un paseo a la ciénaga San Silvestre un seis de enero sin que no se ahogara una o más personas; según era informado por la emisora La Voz del Petróleo muy temprano al día siguiente:... "En tragedia terminó paseo de una familiar”.

A propósito, también recuerdo algo que para mí y mucha gente fue siempre un misterio y era que cuando los cuerpos no salían a la superficie por quedar enredados en las matas acuáticas, siempre eran encontrados por la noche gracias a una veladora que se colocaba sobre un plato plástico: “donde se quedaba inmóvil el plato con la vela, es porque ¡ahí está él ahogado! Su precisión era de un cien por ciento; los buzos se sumergían en el sitio y lo encontraban.


Y la 4. -¿A donde podemos ir ya a esta hora?, que marcaba el destino final mientras se subían nuevamente al camión nuestra madre, vecina, y amigos.


Camino al sitio varios cantos se entonaban solo interrumpidos por alguno pidiendo que detuvieran el vehículo porque algún enguayabado estaba mareado; canciones como “Palo, palo, palo, palo bonito, palo es…” o “…tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña…4, 5, 35 elefantes…”, eran algunos de los éxitos entonados a capela.


Paseo donde no hubiera el picado por una raya en la quebrada La Putana, y en donde los primeros auxilios era ser orinado por una mujer virgen para calmar el dolor, no era paseo.

Paseo donde no había alguien cortado en el pie con un vidrio mientras buscaba leña, no era paseo.

Otra cosa que no podía faltar en un paseo, era ver luces de todos los colores mientras tragábamos varios litros de agua con nuestras piernas hundidas hasta las rodillas por orillas de lodo, especialmente en la Laguna Del Miedo.

Paseo donde no sufriera nuestro corazón con el desdén de nuestra vecina amada en secreto deslumbrada por algún muchacho mayor hijo de ricachito en el paseo de al lado que tenía un bote, no era paseo. A propósito, ayudar a cocinar, o cuidar que no se apagara el fuego del fogón de leña, era el mejor momento para hablar con nuestra vecina, para contarle sin querer sobre las andanzas de su adorada y virginal hija (nuestro amor platónico) y como le estaba "pelando los dientes" a un hombre mayor, totalmente desconocido y lleno de malas intenciones… no había satisfacción más grande que oírle decir: -Mijo, por favor dígale a esa "zurrona" que la estoy necesitando aquí para que me ayude; mentiras, si había una satisfacción más grande y era ver la cara de nuestro amor secreto cuando ejecutábamos la orden recibida.

Lo más rico del paseo además del baño, era la comida, siempre se repetía.

Paseo donde no se tuviera que empujar (así le decíamos) al camión o el bus de regreso, no era paseo.


Todo paseo terminaba con la llegada de la noche, pues al otro día los adultos trabajaban y nosotros estudiábamos, esa era la forma de terminar el evento que recordaríamos hasta el siguiente año por lo menos, así nuestras vecina amada al día siguiente nos saludara como todos los años un siete de enero: -Bobo idiota, usted como siempre de sapo, tenía que ir con cuentos a mi mamá que estaba hablando con un muchacho del otro paseo. Poco importaba su ofensa, algún día comprendería que nuestra misión como buen vecino era cuidarlas.


Esos si eran PASEOS, muy diferentes a los de hoy, sin celulares o tabletas. Solo naturaleza regalada por Dios para nuestro disfrute


Feliz día de Reyes


Por DANIEL E. CAÑAS G.



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