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2. APAGONES EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 9 de jul de 2018

Agobiados por el calor de cada noche por los cortes de energía, las familias acostumbraban a salir a sus andenes “salir a la calle”, siendo casi siempre nuestro padre el primero en hacerlo acompañado de su “kit de los apagones”: Una silla, una toalla, una radio y una linterna.


La Silla, podía ser una mecedora de mimbre o de hierro con tejido en plástico para los jefes de la casa y los abuelos, un banco o banca de madera o taburete y no "taurete" como le decíamos, para uso de nuestra tías y hermanas mayores... y el andén o piso para los demás, entre esos nosotros.


La toalla, era misma que toda la vida había acompañado a nuestro padre, ya raída por el paso de los años y su uso, con ella se buscaba “espantar” los zancudos, y cuando nuestro padre se cansaba, “prendía el automático" con una solo orden directa a cualquier hijo mayor de 7 años:

-Venga mijo, agarre la toalla y me espanta los zancudos, solía ordenar.


La radio era de baterías muy utilizada para oír algunas emisoras como la "Voz del Petróleo" simpre y cuando la luz faltara solo en un sector de la ciudad, o cuando era un apagón general se acostumbraba buscar en el dial de las emisoras de Venezuela, o escuchar “El Bachillerato por radio” en las emisoras nacionales (instrumento creado por el Gobierno para llevar la educación al campo), utilizado también en muchos hogares dela ciudad para reforzar nuestros estudios (todavía oigo y oiré en mi cabeza, la melodía que sonaba mientras uno escribía las respuestas de las preguntas en unos cuadernillos de papel periódico que vendían en la Caja Agraria). De las radios de nuestros padres recuerdo que las marcas más utilizadas eran las Sanyo, Philips, Sony, pero también se veían vecinos (por su puesto de mayor poder adquisitivo) "sacar" unas radios pequeñitas de la marca Sony de 9 bandas, donde se podía sintonizar claramente Radio Habana Cuba.


Por último, una linterna que sólo podía manejar nuestro padre, necesaria para alumbrar por donde caminaba la gente que pasaba por al frente nuestra casa, y sobre todo muy útil para que nuestro padre presumiera a los demás vecinos con su marca, la potencia y claridad de su luz y hasta por el tiempo de duración de sus baterías.


El primer exterminador automática mata zancudo inventado en el mundo, fuimos nosotros… pues uno de los deberes que tenían los niños de esa época, era el de matar todos los zancudos que osara "atacar" sin piedad al grupo familiar mientras estaba en la calle.


Sin duda, estar "en la calle" por horas era el momento de repasar el cumplimiento de nuestros deberes y programar la agenda del día siguiente; pero también el momento de chistes, risas y especialmente de compartir con nuestros vecinos...vecino que pasaba por al frente de nuestra vivienda, vecino que se quedaba a hablar un ratico.


Era tan cotidiano salir al andén, que de allí nos quedó la costumbre de andar por las calles para ir más rapido, costumbre que junto a la de estar “jalando” nuestros interiores por encima del pantalón para acomodar nuestras gónadas masculinas, nos permiten identificar fácilmente a un paisano en otra ciudad.


Estar en la calle lo disfrutábamos tanto, que nos daba tristeza cuando llegaba la luz y todos volvían a entrar en sus casas.


Eran esos momentos a oscuras también el momento de aprovechar para hacer visita a nuestras hermosas vecinas, cuantos primeros besos no fueron dados en la oscuridad, cuantas veces no empleamos excusas como pedir un vasito de agua al papá de las niñas quien les ordenaba ir a la cocina y antes escuchas que les daba miedo, pedirnos el favor de acompañarlas.

Estar en la calle lo disfrutábamos tanto, que nos daba tristeza cuando llegaba la luz y todos volvían a entrar en sus casas, eso sí con mucho cuidado especialmente para los habitantes cuyas viviendas quedaban cerca de humedales o al rio, pues no era raro la presencia de culebras que aprovechaban la oscuridad para invadir nuestros hogares. Era tan frecuente ese hecho que nacieron historias como la de mujeres en estado de embarazos con inmunidad de ser mordidas, pero con el peligro de despertar amamantando una.


DANIEL E. CAÑAS G.




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