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9.5 MI VECINA ESPECIAL DE NIÑO EN LA BARANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

A este relato le quería colocar el nombre de mujer de los años 70: Carmen, Alcira, Elizabeth, Gladys, Martha, Nohora, Gloria o Olga, solo por nombrar algunos que desfilaron por mi cabeza; pero lo dejé como “mi vecina especial” pues sería estigmatizar alguno de los nombres antes mencionados. Y lo “de niño” lo decidí como complemento, pues entendí que las vecinas siempre serán especiales para nosotros los hombres según la edad… de niño, adolescente o adulto.


Estoy convencido, que mi vecina especial de la niñez en la Barrancabermeja donde viví no era la única que existía o existe; muy seguramente ustedes tuvieron también una o tiene una en el barrio o en el sector donde vivieron o viven. Es por eso que al final de mi relato tienen el permiso si así lo quieren para cambiar el nombre de “Mi vecina especial” por el nombre de la vecina que conocieron que más se les parezca. Eso sí, advirtiendo que puede dar el caso que esa vecina especial pueda estar en su misma familia… sí, en su misma casa.


Con el permiso de todos, ahora si comienza mi relato:

Muy temprano todos los días se levantaba el esposo de mi vecina especial pues se trataba de una persona muy educada y trabajadora, su principal afición fuera de hacerle hijo a mi vecina especial, era estar lo más lejos de ella por lo que era ella y solo ella, la encargada de arreglar sus hijos para el colegio, preparar los alimentos y esperar el regreso de su esposo muy tarde en la noche cada día, de cada mes, de cada año… cada día, cada mes y cada año.


Una de las cualidades que más admiraba de ella además de estar siempre dispuesta a ayudar a su manera a todo el mundo, era como le alcanzaba el tiempo para todo; más si tenemos en cuenta el largo tiempo que pasaba en la tienda, donde llegaba todos los días muy temprano y regresando a su casa con las cosas para preparar el almuerzo casi hacia el mediodía.


La tienda era el lugar perfecto para enterarse de las historias de sus vecinas. Ella era junto con las tenderas o las esposas de los tenderos en ese tiempo las psicólogas de mi barrio:

-Como le parece, el idiota de mi marido, me llegó lleno de perfume barato de golfa y me sale con el cuento que se quedó trabajando -decía alguna de las visitantes recién entrada a la tienda, para recibir un concejo conciliador de la tendera, y una recomendación a un más específica por parte de mi vecina especial: -Mija, no sea boba, si quiere yo te acompaño esta tarde para que te lean el tabaco, yo conozco alguien que es muy buena para eso. -Mira que te lo quitan y ya después no se puede hacer nada. -Sí ella te dice que alguien te está quitando tu marido, o lo está embrujando, entonces vamos a donde un brujo que yo conozco, ahí si te toca llevar algo personal de tu marido… si es un calzoncillo sucio mucho mejor.


-Vecina, buenos días, por favor y me vende una libra de papá, decía otra vecina en la tienda; -como le parece que mi esposo quiere sacarle el pase de conducir a Jorgito, ¿usted sabe de alguna escuela y cuánto costará?, terminaba preguntándole a la tendera.


-Claro, le respondía la tendera, en la enseñanza Figueredo le enseñan y le dan curso de mecánica, es costosito, pero le terminan a enseñar a su hijo a manejar. –Uyyy perdonen y me meto –decía mi vecina especial; -Yo tengo un primo que trabaja en la transito, a él se le pasa una plática y al otro día ya tiene el pase de manejar su hijo. -Si quiere vamos a la transito esta tarde, yo entro primero y le explico, -después entra usted y habla con él. -Eso le sale como a mitad de precio que en una enseñanza.

- ¿y usted no me va a acompañar a leer el tabaco esta tarde?, le preguntaba la vecina con la que se había comprometido antes; -No se preocupe vecina, lo suyo es más tardecito, respondía mi vecina espacial.


- Por favor un paquete de cigarrillo decía un señor a la tendera, -buenas tardes don Pedro, le contestaba mi vecina especial, le cuanto que ya hablé con el médico para el examen físico en el batallón y ya lo de Gabrielito para no prestar el servicio militar está arreglado; eso sí, dígale que cuando estemos allá, camine cojeando, y cuando lo nombre para pasar el examen, haga como que no oye.


-A propósito, María, le decía mi vecina especial a otra vecina que recién entraba a la tienda, por ahí le tengo el encarguito, eso de traer mercancía de Maicao, se está poniendo muy difícil.


Y así se la pasaba mi vecina especial todas las mañanas, era tan decente, que nunca le importó “ceder” su turno a todo aquel que llegara a la tienda después de ella, más si se trataba de alguna persona a la cual le podía prestar algún servicio.


No había duda, si los vecinos más ricos de la cuadra tenían la fortuna de contar con un teléfono y un libro de páginas blancas y amarillas para llamar y buscar algo que necesitaban, los menos privilegiados no teníamos teléfono ni el libro, pero la teníamos a ella… mi vecina especial.


Algunas veces llegaba el señor Silva a la tienda; para los que no lo conocieron, se trataba de policía vestido de civil perteneciente a una agrupación de limpieza social llamada la “Mano Negra”, eran los tiempos de no ver drogadictos durmiendo en los andenes o bancas de los parques en mi Barrancabermeja donde viví, el tiempo donde si a una dama se la caía un arete de oro en la calle, siempre había un ladrón ya advertido de su suerte por Silva si reincidía el primero en agacharse y devolver la joya a la dama.


El hecho, era que, tan pronto Silva entraba a la tienda… todo quedaba en silencio y todos clavaban la vista al suelo con un miedo casi de ultratumba por su presencia. Todos menos una que lo saludaba con gran alegría:

-Primo, ¿cómo estas, siempre me hizo el favorcito que te pedí anoche? – Acostumbraba a saludarlo mi vecina especial.

Como no dedicarle unas líneas a mi vecina especial, gracias a ella supe también lo que significaba “el riesgo” en las sociedades comerciales: Era el año 1972 tiempo de uno de los pocos deportistas colombianos en un salón de la fama de un deporte: El gran Antonio Cervantes… Kid Pambelé, de San Basilio de Palenque. -Don Daniel, buenas tardes, ¿tiene aserrín que me regale?, le preguntó ese día a finales de un mes octubre mi vecina especial a mi padre, -es que compré treinta pollitos para engordarlos.

-Claro, con mucho gusto, -le contestó mi padre, agregando: -Danielito, cargue el canasto con aserrín y llévelo donde ella te diga.

Mi vecina especial a manera de agradecimiento con mi colaboración, me propuso lo que hoy llamaríamos la idea del negocio: -Danielito, dile a tu papá que te compre un pollito y lo crías junto con mis treinta pollos. Créanme, desde ese momento no descanse hasta que mi padre no me compró mi pollo, a quien como ya deben suponer bautice con el nombre de: KID PAMBELÉ.


Todos los pollos se metieron en un cuarto de una casa que él esposo de mi vecina especial construida al lado donde ellos vivían; se encontraba en mampostería, techo y puertas y ventanas que garantizaban la seguridad de los pollos, con esa seguridad nada podía salir mal, pensé, por lo que desde ese momento me dedique a estudiar todo lo referente la crianza de pollo, alimentaba a Kid Pambelé con los mejores productos de la marca Purina, hasta llegar a hacer de mi pollo el más grande, elegante de todos; mi pollo llegó a superar en estatura a los otros 30 pollos que lo acompañaban. Todo iba bien…hasta aquella mañana cuando la vecina llegó a la carpintería de mi padre a invitar a mis padres a una fiesta para celebrar el cumpleaños de su primo Silva, para posteriormente decir que había pasado algo:

-Don Daniel y Danielito; como le parece que se metieron a donde estaban los pollos anoche y se robaron el pollo de Danielito, fue la nefasta noticia dicha por mi vecina especial… mi KID PAMBELÉ, futura ave de exposición…había sido hurtado.

-¿Y cuantos pollos se robaron?-se apresuró preguntar mi papá. –Solo uno el del niño Danielito, -contestó mi vecina especial.


De inmediato, le dije a mi papá que investigara, para recuperar mi Kid Pambelé pero mi padre me dijo que no había necesidad.


Mi vecina especial también incursionó en varios emprendimientos propios; como aquel cuando se propuso vender vikingos; producto que en los primeros días cuando eran de mucha fruta y poca agua se vendió con éxito; pero sus ventas bajaron cuando la formula se modificó y ya era más de agua que fruta, terminado con el tiempo en vikingo de agua.


Para los que no conocieron los vikingos, eran los “ancestros” de los Bonaice de hoy, sin pingüinos, sin colores y sin sabor artificial. Producto contenido en bolsitas plásticas con nudo manual.

De resaltar, como a pesar de lo humilde que vivía mi vecina especial, siempre recibía en su humilde casa a parientes que llegaban a Barrancabermeja en busca de trabajo en la Estatal petrolera. También era una defensora de animales, llegando a criar en su vivienda a varios loros, pericos, gatos y perros encontrados en la calle o que le “regalaban” como Trostky.


Pero para escribir de Trostky un cachorro pastor alemán que según ella le había regalado su esposo, debo hacerlo de Dino, que era lo mismo:

-Buen día señor policía, ¿que se le ofrece? -preguntaba desde el interior de su vivienda por la ventana mi vecina especial a un agente de policía que junto a una pareja de jóvenes se disponía a tocar en su puerta.


-Señora, es que el pastor alemán que tiene es de nosotros; ayer lo teníamos amarrado en el ante jardín de la nuestra casa en barrio Galán, y alguien lo desamarró. –su nombre es Dino- -Mire es ese que está en su patio.


-No señor, -se apresuró a interrumpirlo mi vecina especial, yo si tengo un cachorro alemán que me regalo mi esposo, pero se nombre es Trostky: -¡Troky, Trosky, Trosky, ven!, llamó al cachorro que solo paraba desde la puerta que daba al patio de la casa.

-¡Dino!, llamó la dama que acompañaba al joven…jajaj, fue oír ese nombre y ya el cachorro se quería salir de la casa saludando a los visitantes al tiempo que batía su cola.


-Señora, por favor entrégueles el perro, -le advirtió nuevamente el policía. -No señor, respondió casi de inmediato mi vecina especial, mientras le decía al cachorro: ¡trosky para el patio, sin que el animalito le hiciera el mínimo caso.


-Señora, por favor entrégueles el perro, -le advirtió otra vez el policía. -No señor, voy a enviar a uno de mis hijos a buscar a Silva mi primo; la verdad es que este cachorro no me lo regaló mi esposo como les dije, es de él y yo se lo cuido.


Esas fueron las últimas palabras antes de que la pareja accediera por petición del policía que lo acompañaba a proponer la compra de su Dino.


Todavía recuerdos ver las grandes lagrimas que corrían las mejillas de mi vecina especial, mientras se despedía de su Trostky, mientras el cachorro Dino lambia las caras de la pareja de jóvenes.


Ahora, la pregunta es: ¿Tuvieron o tiene ustedes también una vecina especial como la mía? ¿Cuál es su nombre?



Daniel Cañas Granados


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados