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81 LOS TRABAJOS DE OMAR

Cuando uno supera la edad de los cuarenta años, cada llamada recibida de uno de nuestros vecinos de infancia es solo para una cosa… anunciar el fallecimiento de un compañero de juego... de nuestra “gallada”; es el momento cuando de manera inmediata a nuestra memoria llegan mil y mil momentos compartidos con nuestro amigo fallecido, mientras nuestro interlocutor nos comenta la últimas horas del nuevo difunto, como pasó los últimos días de su vida, la causa de su muerte y sus buenos y malos momentos: -Daniel, se murió Omar, últimamente estaba muy mal del corazón, con diabetes, estaba en tratamiento para bajar de peso, pero no dejó de comer chicharrón; lo tienen en la funeraria Foronda, el próximo sábado lo entierran en horas de la tarde, la misa será en la Iglesia de la virgen del Carmen en Palmira (el barrio donde nacimos), escuchaba al amigo de la llamada, mientras recordaba cuando fue su última llamada antes de esta, el tema: -Daniel, se murió… y la anterior a esa: -Daniel, se murió.


Lo confieso: Muy poco me gusta ver a mis amigos dentro de un cajón, prefiero recordarlos siempre vivo, tal vez por eso cuando murió el flaco Raúl no vine a su entierro y solo publiqué en mí muro de mi Facebook una carta de despedida, la misma que alguien imprimió y leyó en la misa de su entierro, haciendo llorar a todos los asistentes… incluido al flaco Raúl.


Después de colgar la llamada, no sin antes agradecer a mi amigo por la información,

como siempre acto seguido llamé a Hugo quien tiene una floristería, y como siempre cada vez que recibe una llamada de mi parte, me contestó: - ¿Hola Daniel como estas?, nombre completo y funeraria. Si, es verdad, en los últimos veintiséis años dos meses y cinco días, solo lo llamó para encargarle ramos fúnebres y nunca para un ramo para algún cumpleaños o celebración de una fecha especial.

Llegué a la funeraria Foronda el sábado, horas antes del entierro, y lo que mi primero observé fue comprobar el cumplimiento de mi pensamiento la última vez que había pasado por allí hace como un mes, cuando la sala tenía un aviso de: “SE ARRIENDA” -Eso no lo toma nadie, y si la toman, nadie trabajará allí en la noche; y así fue… habían quitado el letrero y nuevamente era una sala de velación.


Paso seguido, abrí la puerta de vidrio y entré, observando con extrañeza no ver a ningún familiar o conocido de mi amigo Omar, y especialmente no ver allí ninguna de sus protegidas, siendo estas además de Omar las mayores motivadoras de mi presencia allí -Tal vez todos deberán estar descansado y volverán a la hora de salida para la iglesia -pensé, procediendo a dar el sentido pésame a los pocos asistentes, no más de cinco incluido un muchacho que no paraba de llorar, él mismo que a partir de ese momento nunca paró de mirarme. Y entre pésame y pésame, llegue muy cerca donde estaba el ataúd de color caoba, aprovechando para rezar mis oraciones al amigo que siempre me llamó “Ñañe”; pero eso sí, sin alcanzar a ver su rostro dentro del cajón como era mi costumbre.


¿Cómo olvidar a mi amigo Omar?, nacido de un hogar, donde todos sus hermanos eran blancos, de ojos claros, cabellos rubios y delgados, mientras él muy moreno, de ojos oscuros, cabellos negro ensortijado y gordo, descripción que hacía llamarlo de niño por el sobrenombre de “Pelezinho”, como un personaje protagonista de comic, cuyas características principal era ser un niño como de ocho año y mostrar su ombligo por usar camisetas de la selección brasileña muy pequeñas para su prominente estómago, igual como vestía Omar de niño.

Otra diferencia con sus hermanos, era su dispersión para el estudio: mientras sus hermanos eran concentrados en el salón de clase, él no lo era, pues le gustaba mucho la calle; sus padres intentaron mil y una vez que no abandonara sus estudios por muchos y lagos años, hasta que se convencieron de no seguir insistiéndole que estudiara, cuando una maestra amiga de la familia y madre mía les dijo: -El estudio no es para Omar; eso sí, solo lo hizo después de ver como había repetido prekínder, dos veces kinder y llevaba otras tres veces repitiendo primero de primaria. A partir sus padres no le insistieron más, Omar dejó los estudios y se convirtió en el niño que él quería ser, para qué, sí Omar no era bueno para estudiar, sobresalía por nunca oírle decir un “No” a un favor, estar siempre con una sonrisa, y no saber lo que es una rabia o pronunciar una mala palabra, convirtiéndose con el paso del tiempo en la calle en un excelente ser humano, lo que ratifica eso de “Ser una buena gente nada tiene que ver con la educación”…desde ese momento fue el niño de los “mandados” en mi calle y el mejor ayudante para todos los trabajos caseros de los vecinos.


El primer trabajo de Omar, para “hoja de vida”, fue ser vigilante de una residencia de propiedad de sus padres en el barrio Palmira muy cera a la estación del ferrocarril; su compromiso con su primer trabajo fue tal, que no dudo en “espiar” las habitaciones por unos huequitos hechos en las paredes; cuando había algún problema, Omar aparecía abriendo la puerta de la habitación, convirtiéndose con el tiempo en una especie de superamigo de las damas que ofrecían sus encantos a cambio de dinero en la residencia bajo su custodia; su fama de héroe lo llevó a seguir con su vida laboral especializada en vigilancia en establecimiento nocturnos de ambiente familiar en la Barrancabermeja donde viví: “Quinto Patio”, “las muñecas”, “Celin”, “Kamadú”, “Mocedades”,” Bananas”, y muchos más; en fin, Omar básicamente se convirtió en un ángel para muchas mujeres a las que llamaba “mis protegidas”, las mimas que extrañé cuando entré a la sala de velación, ausencia que justifiqué al recordar su horario nocturno.

Omar era protegido por Dios, de eso no hay duda, no en vano logró salir dentro de los escombros sin un solo rasguño después del estallido de dos granadas, la primera en un atentado de la guerrilla, y la segunda en un atentado paramilitar, hazaña digna de condecoraciones si hubiera sido un Militar; la primera en “Celín”, la segunda en “Mocedades”, lugares en donde sin duda despidió con lágrimas a sus protegidas perdidas, algunas de ellas sus “amores platónicos”; -no hay duda Omar, tu estarás en el cielo por tus trabajos, -pensé para después rezar un último padre nuestros y un “dale el señor descanso eterno...”.


Una vez terminadas mis oraciones, secándome disimuladamente las lágrimas que salían de mis ojos, me percaté que el señor de mi primer pésame desde de entrar no había parado de mirarme, fue en ese momento cuando me percaté cuando levanté la mirada de no estar en una sola sala de velación, eran dos y que estaba en el ataúd de la esposa del señor que me miraba, mientras venía a mi encuentro desde el otro lado de la salón un hermano de Omar, quien me dijo: -Daniel Omar se murió, y lo estamos velando aquí al lado; -¿Usted era amigo de la chica a la que le estabas rezando?, era muy bonita, el señor que está llorando se iba a casa con ella, se murió en un accidente -Si, respondí, yo la conocía, para no reconocer que me había equivocado de muerto, esperando eso sí que Omar hubiera escuchado mis oraciones y recuerdos, y especialmente que el novio de la difunta que tanto me miraba, lo dejara de hacer.

Daniel E. Cañas G


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