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55. LAS AVES DE LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ

Actualizado: 13 de oct de 2018

De un cielo gris oscuro con pinceladas de colores rojizos provenientes de un sol más allá del río Magdalena sobre el occidente de mí ciudad, eran las características de los atardeceres de los días viernes de principio de los abriles por allá en los años 70-80, cuando ya había pasado mi adolescencia. Esos atardeceres me dejaban la extraña sensación de hacer más lento de lo habitual el transcurso del día a la noche, tal vez por su indescriptible belleza o simplemente por la impresión que me causaba ver los “rayones” dejados en el cielo por las bandadas de miles y miles de pequeñas golondrinas sobrevolando muy cerca de mi cabeza mientras cambiaban su rumbo de manera imprevista como si no supieran a donde ir, o como queriendo prevenir a otros seres vivos en la tierra lo cambiante que podría llegar a ser sus vidas, en especial para alguna aves rapaces esperando atrapar con sus garras animalitos inocentes más pequeños como las "lechuzas".


Ver las golondrinas danzantes delante de ese cielo especial, era la única coreografía aérea vista en nuestra ciudad. Para algunos espectadores, las golondrinas eran las encargadas de recordarnos a la promesa de Dios a toda la humanidad de no volver a enviar un diluvio para castigarnos, para otros eran el símbolo empleado por la naturaleza para avisar el cambio de una estación a otra, y para los demás especialmente si eran vistas en los días de viernes previos a la Semana Santa…. de muerte.


Para esos años, también existía otros tipos de aves como las “lechuzas”, pájaros encarnados en cuerpos humanos especializadas en el robo de las casas, así como en atrapar en sus garras a transeúntes nocturnos distraídos, especialmente parejitas que aprovechaban la oscuridad de un recodo en medio de la noche o mientras atravesaban un lugar desolado de esos que tanto habían en esos tiempos para demostrar sus amores; lechuzas que solo respetaban a sus buenos vecinos, saludándolos o saludándonos cariñosamente mientras se encontraban ya agazapadas en una esquina esperaban a su o a sus próximas víctimas.


De esas “lechuzas”, se recuerdan especialmente dos, no por sus picardías y múltiples fechorías, sino por la forma increíble como en varias ocasiones escaparon de las garras su enemigo natural: “Las Águilas”:

La primera lechuza fue conocida con el alias del ZURDO, siempre viviendo con su madre a quien adoraba infinitamente y cuyo bienestar era su primera excusa para seguir delinquiendo. Vivian a unas pocas casas del extinto Colegio Gimnasio Moderno, pero no donde estudian los niños ricos de Colombia en Bogotá, en este estudiaban las hijas de otras personas con menor poder adquisitivo, siempre con su uniforme de color morado y camisa blanca, colegia ubicado en mi barrio Palmira.


Fueron muchas las veces que la amada madre del Zurdo, llegó hasta el nido de una de las águilas por coincidencia vecino de ellos, para interceder por su amada lechuza y lograr con esto extender la vida de su hijo un poquito mas.


Precisamente una tarde de viernes después de una función de golondrinas, se escucharon varios tiros cuando me encontraba en el kiosco de Trillos, muchos sabian de antemano quienes eran las víctimas, pues habian visto muy cerca de allí a dos lechuzas, era el Zurdo enseñando a “volar” a un pichón de lechuza de nombre Altahona. Las dos quedaron desplumadas e inmóviles tendidas en el pavimento sobre la brea caliente, en el mismo sitio donde hoy están los semáforos entre la USO Nacional y el barrio Galán Gómez, mientras varias águilas observaban por espacio de 10 minutos cualquier muestra de de vida antes de darlos por muertos para alzar el vuelo con su trabajo cumplido; solo hasta que ellos se iban la gente dejaba el miedo y se acercaban a ver los cuerpos. No se imaginan la mirada atónita de los presentes por el susto de ver como a la lechuza mayor con una herida en el cuello alzó de nuevo el vuelo; esa misma herida fue la causante que tuviera desde ese momento tener que llevar un pañuelo tapando la cicatriz de una herida mal curada, pues nunca fue atendida en un hospital, lo que le significó tener que hablar a de ahí en adelante a manera de susurro.


Verdad o no, cuentan a manera de leyenda que tiempo después el Zurdo tocó la puerta de su casa para que su madre le abriera la puerta, tal y como sucedía con frecuencia cuando no llevaba las llaves, su mamá corrió en seguida a abrirle preguntándole al mimso tiempo, si quería que le calentara la comida, a lo que su hijo respondió con un NO moviendo la cabeza, murmurando que ya había comido y que tenía mucho sueño. Fue solo en ese momemento cuando su mamá se percató de un hilillo de sangre que su rastro había dejado desde la puerta de la casa hasta la puerta de su cuarto, era tan común verlo llegar con alguna herida que no le prestó atención. A la mañana siguiente, caminó hasta el fondo de la casa donde quedaba el cuarto de su hijo desayuno en mano y lo encontró muerto, producto de siete orificios de bala todos en su tórax como sí las águilas lo hubieran hecho a propósito por consideración con ella, para no tener que ver su cara desfigurada.


La otra lechuza, la apodaban Tragabalas desde que le dispararon sin contemplación en un pequeño charco que apenas tapaba su cuerpo. Allí permanecieron las águilas disparandole sin cesar , hasta ver como en el tiempo de Moisés convertir el agua en sangre; pero cuentan a manera de leyenda que allí tambieén sucedió lo mismo que aquella vez con el Zurdo cuando lo hirieron en el cuello, una vez las águilas partieron, la lechuza salió del agua con trece orificios de bala, ninguno mortal. De su muerte poco se sabe, unos creen que se fue de Barrancabermeja y otros como era normal en esa época que desapareció un viernes en la noche después de un atardecer lleno de golondrinas.


-¡Buenas tardes jóvenes! –Como están sus padres? Era siempre el saludo jovial de una de las personas más educadas de mi barrio; saludo que se repetiría por muchos años, siempre a la misma hora, 4:00 p.m, siempre como acabado de despertar pues se veía recién bañado, siempre los días sábados, y siempre en el mismo sitio: En una esquina en forma de ángulo agudo cuyos lados eran la calle 52 con la Diagonal 49, a poca distancia donde tiempo después sería construido el puente elevado Rafael Fernández Fernández: El negocio del profe Pardo.


No habia ropa más limpia y bien planchada por el mismo que la que vestía, de estricto pantalón negro o beige de lino, camisa manga larga blanca o de cuadros pequeños de color café, con un reloj Mido ferrocarril de Antioquia en su pulso derecho, después de saludar, acostumbraba a sentarse a tomar sus aguardientes por tragos cerca donde estabamos, mientras disfrutaba a esa hora de la tarde de musica con coplas llaneras oídas con regularidad en el sitio.

Nunca se quedaba a esperar la noche, -Tengo que trabajar afirmaba cuando lo recogían en un campero, nunca compartía la mesa con nadie salvo si era por alguna mujer joven, su espalda siempre recostada a la pared del negocio, Eso sí, siempre muy serio, de ojos claros e inexpresivos, cara muy blanca y pelo canoso.


Una vez, dejó olvidado en el negocio un librito delgado, que lo hizo regresar horas más tarde a recogerlo, era un librito escrito por el alemán Hans Jürgen Press con pocas páginas escritas y muchas ilustradas, con un formato muy parecido al utilizados para la colección de 100 libros famosos que conformaban la colección bajo el título: Ariel Juvenil de los cuales aún tengo varios. La trama del libro olvidado como pude averiguar tiempo después giraba alrededor de unos niños amigos: Félix, Adela, Rollo y Kiki con su ardilla, que formaron un grupo de detectives, y en donde gracias a las ilustraciones el lector puede llegar a concluir quien era el culpable de un crimen; su personaje principal era un inspector de policía de nombre: Faraldo.


El nombre del libro… AVENTURAS DE LA MANO NEGRA.


Desde que tengo uso de razón siempre escuche hablar de la Mano Negra: De muy niño, se decía a manera de leyenda que era un grupo nacido al interior de la policía, conformado por los detectives con mejor puntería y mayor valentía, y que se encargaba de hacer lo que llamaban “limpieza social”, es decir: Hacer desaparecer a los drogadictos, ladrones, prostitutas y mendigos que hicieran de la calle su hogar y a los jóvenes sus clientes para venta de droga, a todos sus muertos según nos contaban les dejaban sobre su cuerpo una hoja de cuaderno con una mano negra pintada. Posteriormente un poco más adulto, descubrí que hay dos historias del origen del nombre: La Mano Negra muy parecidas: Una cubana y otra española ya finalizando el siglo IX, las dos fundan su nombre sobre ideas anarquistas buscando defender a los que estaban en el poder de los que no, especialmente cuando los muertos dejan de ser la llamada por algunos; La escoria social y son reemplazados por personas con ideas socialistas-comunistas. y gracias por aquel libro olvidado en el negocio del profe Pardo en una atardecer de un día sábado, descubrí un origen nuevo de la Mano Negra.

-¡Buenas tardes Don Silva¡, era siempre nuestra respuesta al señor que cada sábado a las 4:00 p.m. llegaba a sentarse en una mesa cerca a la de nosotros, para mirar desde allí como él, rey de las águilas, observaba a toda persona que viniera o fuera a los barios nororientales, pues el negocio del profe Pardo tenía un andén de por lo menos 1 metro más alto que el nivel de la calle 52 de hoy o la calle 11 en ese tiempo por donde pasaba la gente… ese señor Silva en la mesa de al lado, era el mismo que según la leyenda siempre tenía un arma en su pretina y otra amarrada en una de sus piernas, todas con las cachas llenas de rayas… una raya por cada muerte.

Silva era sin duda en la Barrancabermeja de esa época, el personaje más odiado y el mas querido por otros, especialmente por los conservadores y liberales como mi padre quien siempre me decía: -¡hijo, la palabra tranquilidad viene del vocablo latín tranca …de trancar o castigar, nunca lo olvides¡; el mayor logro de Silva y el grupo que conformaban era no ver en esos tiempos en nuestros parques y calles tanta gente drogada sumergida en el vicio pues eran "eliminados " o enviados a pueblos vecinos en los trenes que llegaban y salida de la ciudad, y ver como las "lechuzas" no duraban muchos días haciendo sus fechorías, salvo las dos antes mencionadas.

Pero las águilas también mueren como les pasa a los cóndores, pero al igual que a ellos eso no les sucede todos los días como se puede leer en el título de un libro; y a Silva lo agarró la muerte dentro de un bus en la carretera que lo llevaba de Barrancabermeja a Puerto Wilches, por los tiempos donde la Mano Negra como sucedió en varias ciudades de Colombia cambiaban la mira para empezar a puntar a los señalados como guerrilleros.


Salvo pequeños detalles que pueden modificar los hechos, se conoció su muerte más o menos así: Le informaron que uno ladronzuelos paraban los buses y se subían a robar con armas, por lo que decidió ir solo pensando que se trataba de un trabajo menor; ya en sentado dentro del bus pudo observar como a mitad del camino dos muchachos en una moto le cerraban el paso al bus haciéndolo parar , para subir armados, solo que esta vez no iban a robar, ni eran los mismos muchachos; eran guerrilleros que venían a acabar con su vida, pero como siempre en el cruce de disparo Silva los enfrentó y mató a los dos, lo que no sabía era de preencia de otros dos sicarios que venian sentados desde el terminal en la parte de atrás del bus…

DANIEL E. CAÑAS G.

Amigos lectores, si buscan en la red la fecha de las muertes de los más valientes Vikingos, salvo el Rey Ragnar lodbrok quien murió en un foso lleno de serpientes a manos de un rey inglés, descubrirán que solo se sabe la fecha de nacimiento y no de su muerte; lo anterior debido a la promesa de vida eterna por parte de Odín en una fiesta continua en un cielo llamado por ellos "El Valhalla"; los mismo pasa con las otras águilas" ... no hay nada escrito sobre ellos, salvo de Silva, el rey de ellos.




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