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31. EL FIN DE AÑO EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 7 de ene de 2019

Si me preguntaran como eran la despedida y la bienvenida del año nuevo en mi Barrancabermeja durante no muy lejanas épocas de mi adolescencia en dos palabras, tendría que escribir: MUY CALIENTE.


No había y ni hay día más caliente en mi terruño que un primero de Enero, no sé si es por “guayabo” o resaca del trago consumido el 31, o por el calor corporal de tanta gente que visita a Barrancabermeja, pero que es CALIENTE…es CALIENTE, pero por lo pronto iniciemos con lo que pasaba siempre el último día del año:

Nuevamente y por ser el último día del año la carpintería de mí padre debía estar limpia a partir de las 3:00 de la tarde; la única diferencia con el 24 era que no tenía que levantarme temprano para acompañar a mi mamá a buscar su pago, los 31 me levantaban a acompañar a mi abuela Anita a la plaza de Torcoroma a comprar las uvas, los ingredientes de la cena de la media noche así como el queso y bocadillo para los pasa bocas; apropósito, esa era otra de mis funciones en ese día: Hacer cubitos de queso y bocadillo, atravesarlos con un palillo y pinchar con ellos una piña que se colocaba en la mesa del comedor para calmar el hambre en la noche hasta que fuera la hora de la cena, lo complicado de la tarea era cuando el queso costeño era una piedra y el cuchillo no cortaba. Y lo bueno era el control de Calidad, cubito imperfecto, cubito comido.


Bueno, pero retomando la historia…escribía que en la mañana se “hacia el mercado” como decíamos en Torcoroma, después era la toma de medidas para que me le cogieran el dobladillo al pantalón que estrenaría en la noche y luego el aseo a la carpintería, debido a que el aserrin se regalaba para rellenar con pólvora los muñecos de año viejos, era más bien poco.


A las 4:00 pm ya debia estar preparada la cancha de la “cuadra” (a propósito, nunca supe por qué se le decía cuadra, si el área a identificar era un tramo de calle conformada por dos frentes de dos manzanas diferentes).


Una vez depositado el aserrín fino se extendía haciendo las veces de grama sintética la cual se revolvía con el aserrín quemado en el lugar y se daba el inicio al partido de futbol de fin de año el cual terminaría como el del 24..sin saber quién gano y peleando un equipo contra otro; la única regla era no patear el balón muy duro, pues si caía en el patio de un señor carnicero con un pastor Alemán en su patio, el partido terminaría de inmediato pues siempre lo regresaba desinflado -¡Fue el perro! decía el vecino, pero todos sabíamos que los huecos eran de alguno de sus afilados cuchillos.


Despues venia nuevamente el regaño de mi madre cuando ensuciaba mi casa de aserrín quemado acumulado en mis piernas y pies pues en ese tiempo el futbol lo jugábamos con los pies descalzos, siempre me tocaba baño con totuma en el lavadero para posteriormente disfrutar de un tiempo del “relax”; es decir: dormir no sin antes haber pasado ya varias veces por el lado de la piña y tomar al descuido de todos, uno que otro pasa boca que a mí parecer de creador sobraban.


Como a las 10:00 pm salía con la “pinta” puesta, incluyendo mis pantaloncillos amarillos, con la promesa de estar faltando 5 minutos para las doce, a partir de la cual se iniciaba un protocolo estricto que cumplía cada miembro de mi hogar:

11:50 Echar 2 huevos crudos en un vaso con agua y colocarlo debajo de la cama; mi abuela tipo 12:30 leería lo que nos separaría el año siguiente a cada uno.

11:55 Echar 12 uvas en un vaso para comer a las 12 una por cada deseo, uva que no estuviera dulce, era deseo que no se cumpliría.


12:00 Ver en compañía de vecinos y familia la quema de año viejo… en mi Barrancabermeja, los 31 de Diciembre a las 12 de la noche se quema el “año viejo”, que era y es un muñeco lleno de aserrín y pólvora, entre más pólvora mejor; por mi casa por ejemplo, siempre se quemaban dos: El primero lo hacíamos los pelados o mis amigos de infancia bajo la supervisión de los padres y los fondos para la pólvora por una recolecta de dinero de todos los vecinos, y el otro lo hacía de sus propios fondos y bajo su única supervisión Gabardina él dueño del famoso GACHANEQUE, hoy motos YAMAHA en el cruce de la calle 51 que viene del puente elevado y la Avenida de los Periodistas. Una cosa era segura, el muñeco con más pólvora en mi barrio Palmira era ese.


12:05 Dar el feliz año era el evento más importante para muchos de nosotros, pues era la única forma de abrazar y besar a las vecinas creídas y hermosas del barrio, a nuestros amores platónicos sin importar su estado civil: solteras, casadas, separadas o viuda, y dejarnos abrazar de las vecinas feas. Era como un juego de cacería donde buscábamos a las bonitas lo más pronto posible y nos escondíamos de las feas el mayor tiempo que se pudiera. Esos minutos eran especiales, pues se trataba de la única oportunidad en un año de abrazar y besar a las niñas mayores al frente sus novios o padres sin que estos nos hicieran mala cara.


Después regresábamos a casa un poco entonados con los tragos de aguardiente Superior que nos brindaban en cada casa entre cada uno de los abrazos; a propósito del aguardiente superior recuerdo que su forma era parecida a los palos de bolos y en el fondo traía un número que según se creía eran los grados de alcohol de su contenido.


Una vez de regreso en casa tipo 12:30 venia el momento de la cena…en mi casa, por ejemplo, nos reuníamos con otra familia que eran los Galeanos, Don Miguel, Doña Alicia y sus 2 hijos, ellos eran los propietarios de la cacharrería Nínive y eran amigos de mis padres pues fueron sus vecinos en el barrio donde vivíamos antes de mudarnos al barrio Palmira: La Floresta Baja.


Lo que se hiciera en mi casa después de esa cena…ni idea; a la 1:00 am me reencontraba con la familia Duran Cajar para iniciar nuestra caminata hasta el barrio Parnaso cerca del parque de Gallos, en donde vivían los abuelos de mis vecinos y en donde se reunía toda la familia Cajar... Allí siempre me encontraba con el flaco Raúl pues su abuela (la de el) era hermana de la abuela de los Duran, y era allí donde siempre amanecíamos entre música de los Corraleros de Majagual, La Fania, Oscar de León y Los Blancos de Venezuela hasta las 6:00 am hora que regresábamos caminando al barrio Palmira y momento en el cual el sol daba mayor significado a la palabra CALIENTE y brillante, era el primer amanecer del nuevo año y el día para celebrar el cumpleaños de Don Isidoro Duran, el papá de mis amigos de cuadra Rafael y Álvaro Duran (los pelados como siempre les decia cuando preguntaba por ellos), esposo de la señora Edith, y hogar donde yo vivía mas horas al día que en mi casa como decía mi mamá, hasta tal punto que a diario me amenazaba con llevarme la cama para esa casa, a solo dos casas de la mia.


El primero de enero se dormía pocas horas, ayudado por la sed, el calor y por la rabia de mi madre al saber que me había “volado” para donde los Duran después de la cena de año nuevo, y digo que por la rabia de mi mamá por que la mejor forma de vengarse no era otra que apagar el ventilador de mi cuarto como a las ocho de la mañana.


En todo caso pasara lo que pasara en mi casa antes del medio día ya me encontraba nuevamente donde los Duran, con la pinta estrenada el 240perfumado con loción “Aramis” y con plata que mi papá me daba a escondidas de mi madre, dispuesto para iniciar la peregrinación al barrio El Cerro donde un Hermano de Isidoro, de nombre Pedro. Las palabras para definir la casa de Don Pedro Duran eran cuatro: Baile, comida, trago e hijas hermosas, aclarando sin embargo que para mi, su hija más linda y súper inteligente de todas ellas, solo la vendría a conocer en Hondo muchos años después.


En horas de la tarde regresamos al barrio Parnaso a continuar el baile que habíamos abandonado muy temprano; era hora del sancocho de calle famoso en Barrancabermeja.


En aquellos años del 74, no existía el fandango de la 24, esos eran tiempos por venir.


Feliz fin de año y prosperidad en el nuevo.


DANIEL E. CAÑAS G.


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