Buscar

26 LOS REYES MAGOS EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ

Actualizado: ene 15

Cuando pensé escribir sobre nuestros días de Reyes Magos en la Barrancabermeja donde viví, mi primer recuerdo era que nuestros Reyes siempre llegaban un seis de enero sin falta; no como hoy donde su llegada puede suceder fecha en los primeros quince días de enero como si algunas veces llegarán en camello, y otras en tortuga, todo esto gracias al salvador del turismo en Colombia: Raimundo Emiliani Román, personaje costeño que un día promovió la ley 51 de 1983, donde se determinó que algunas fechas que aparecían en rojito a mitad de semana en nuestro calendario se corrieran para el lunes siguiente para que fueran puentes. Lo cierto es que desde ese año hasta la fecha ningún Ingeniero Civil en Colombia ha construido en un solo año más puentes que ese ilustre abogado.


NUESTROS DÍAS DE REYES MAGOS


¿Cuál sería tu mayor recuerdo del día de reyes magos de los 70 al 80?

No hay duda… EL PASEO:

Igual que yo, recordarás muy seguramente que todo paseo iniciaba con la contratación de un bus cuando había plata, o la prestada de un camión viejito por parte de nuestro vecino lechero cuando no se contaba con recursos económicos; en los dos casos, el día seis de enero comenzaba muy temprano y las primeras en subir al camión eran las gallinas que serían sacrificadas junto con la olla donde nadaría por primera y última vez, junto con las totumas, platos, y cucharones.

La salida era programada el día anterior para las 7:00 a.m., pero por ser hora colombiana se cumplía una hora y media más tarde pues había que esperar que el bus o el camión llegara, a los vecinos con guayabo o resaca de la noche anterior, o porque a última hora siempre se descubría la falta de algo: El hielo, la cerveza, la gaseosa, la sal y hasta las gallinas. Siempre los últimos en subir al transporte eran nuestros padres una vez ayudaban a subir a nuestras madres, una vez ellas verificaran no haber dejado el fogón de la estufa prendida y la puerta de la casa bien cerrada como también haber haber comprobado que nuestra hermanita menor llevara su ropa de baño.


Días antes ya entre los vecinos habían determinado donde ir, al estilo de Quiero ser millonario:


a) EL CINCUENTA O LA LLANA en El Centro.

b) LA PUTANA vía a Bucaramanga.

c) La ciénaga SAN SILVESTRE vía Puerto Wilches.

d) LA LAGUNA DEL MIEDO en Yondó.


Para elegir el sitio del paseo, siempre eran considerados estos factores:


1. Donde fuimos la última vez.

2. La distancia según hora de salida.

3. Si éste año estaba o no bonito el sitio según el criterio de un vecino que ya había ido a ese sitio 1 de enero.

4. La peligrosidad del sitio: Por ejemplo, no recuerdo un paseo a la ciénaga San Silvestre en un seis de enero sin que no se ahogaran una o más personas; según era informado por La Voz del Petroleo muy temprano el siete de enero... "En tragedia terminó paseo de una familiar”.


También recuerdo algo que para mí y mucha gente fue siempre un misterio y era cuando los cuerpos no salían a la superficie por quedar enredados en las matas acuáticas, siempre eran encontrados por la noche gracias a una veladora que se colocaba sobre un plato plástico: “donde se quedaba inmóvil el plato con la vela, es porque el ahogado está allí”. Su precisión era de un cien por ciento; los buzos se sumergían en el sitio y lo encontraba.


Camino al sitio del paseo, varios cantos se entonaban durante el trayecto, solo interrumpidos por uno que otro grito pidiendo que detuvieran el vehículo porque algún enguayabado estaba mareado; canciones como “Palo, palo, palo, palo bonito, palo es…” o “…tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña…4, 5, 35 elefantes…” eran algunos éxitos entonados a capela, una vez ubicados en sitio la música llegaba proveniente de una grabadora con baterías grandes de marca Sanyo de donde no podía escuchar: “…si quieres una cerveza un trago de ron u otro de anís eso lo paga Roberto Ruz…”.


Paseo donde no se tuviera que empujar (así le decíamos) al camión o el bus de regreso, no era paseo.


Paseo donde no hubiera el picado por una RAYA en la quebrada LA PUTANA, y en donde los primeros auxilios era ser orinado por una mujer virgen, no era paseo.


Paseo donde no había alguien cortado en el pie con un vidrio mientras buscaba leña, no era paseo.


Otra cosa que no podía faltar en un paseo, era ver luces de todos los colores mientras tragábamos varios litros de agua con nuestras piernas hundidas hasta las rodillas en las orillas llenas de barro especialmente en la laguna del miedo.


Paseo donde no sufriera nuestro corazón con el desdén de nuestra vecina amada en secreto, deslumbrada ella por algún muchacho mayor acabado de conocer llegado en camioneta doble cabina y cuyos padres no tomaban cerveza o aguardiente, sino whisky , no era paseo.


Ayudar a cocinar, o a pelar la yuca, o cuidar que no se apagara el fuego del fogón de leña, era el mejor momento para hablar con nuestra vecina y futura suegra, para contarle sin querer sobre las andanzas de su adorada y virginal hija (nuestro amor platónico) como le estaba "pelando los dientes" a un muchacho riquito y mucho mayor, totalmente desconocido llegado en el paseo que estaba al lado del nuestro... no había satisfacción más grande que oírle decir: -Mijo, por favor dígale a esa "zurrona" que la estoy necesitando aquí para que me ayude; orden que ejecutábamos de manera inmediata y con gran alegría.


Lo más rico del paseo además del baño, era la comida, siempre se repetía.


Todo paseo terminaba con la llegada de la noche, pues al otro día los adultos trabajaban y nosotros estudiabamos, esa era la forma de terminar el evento que recordaríamos siempre, así nuestras vecina amada el día siguiente nos saludara como todos los años un siete de enero: -Bobo idiota, usted como siempre de sapo, tenía que ir con cuentos a mi mamá que estaba hablando con un muchacho del otro paseo. Poco importaba su ofensa, algún día comprendería que nuestra misión era cuidarlas y cuidar por supuesto sus primeros besos que estaban reservados para nosotros solamente.



Eran paseos diferentes a los de hoy, sin celulares o tabletas. Solo naturaleza regalada por Dios para nuestro disfrute.

Por DANIEL E. CAÑAS G.



© 2018 by Daniel E. Cañas Granados