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23. EL DIABLO VIENE DEL CIELO EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ

-Deberíamos hacer una fiesta mañana miércoles para despedida de clases y salida a disfrutar de nuestras cortas vacaciones de semana Santa, - Rompía el silencio Diego, dirigiendo sus palabras a un grupo de compañeros y a un profesor qué junto a él tomaba asientos en una mesa ubicada en el andén de una de esas tiendas esquineras de la Barrancabermeja donde viví.

-Compañeros yo no puedo, mañana en la noche tan pronto terminen las clases viajo para mí Aguachica; allí viven mis viejos y ellos me están esperando desde el viernes pasado, se apresuró a decir Juan.

-Pues yo si lo apoyo, intervino Pilar una de las niñas que los acompañaba de unos 20 años, de linda cara y hermoso cuerpo; y talvez la única razón del profesor más joven de no más de 3 años mayor que ella de estar acompañando a ese grupo de estudiantes. -pero lo bueno sería hacer una fiesta en una casa de uno de nosotros, como se hacían antes, en lugar de salir a un sitio donde le cobran a uno por todo, -remataba Pilar.

–Ahora que caigo en cuenta, en la Universidad no he sabido de una fiesta en casa de familia, como las de antes, como las hacían cuando mi hermano mayor estudiaba en la universidad, por allá en el siglo pasado, jajaja -dijo Olga, la otra estudiante mucho mayor que Andrea, casada con hijos y muy amiga de Diego.

-De hecho, mi querida Olguita, desde mediados de los años setenta cuando también se inventaron en la universidad hacer una fiesta en una casa de familia en un miércoles santo, tal y como me lo contaba casi todos los fines de semana mi padre, mientras se tomaba unos tragos en compañía de sus amigos quienes también participaron en esa fiesta, -agregó el profesor que los acompañaba, mientras su cara se dibujaba una expresión entre nostalgia y miedo.

-Y eso profe, ¿cuente?, ¿cuente?… -¿desde qué miércoles Santo le habló su papá?.

-De un miércoles de una semana santa muy parecida a esta, con lunes festivo después del domingo de ramos, más exactamente en el 1975; última vez, por lo menos que estudiantes de la universidad volvieron a hacer fiesta en la casa de compañero. –Es más, si la hacen ustedes mañana, no cuenten conmigo, decía el profesor.

Todos los estudiantes en la mesa se quedaron mirando entre sí, extrañados no solo por las palabras llenas de nerviosismo de su profesor, sino por la expresión de su rostro, con un ambiente de misterio incrementado por la presencia de una repentina brisa y los destellos de luz producidos por relámpagos divisados en la lejanía.

Ante la insistencia de sus alumnos llenos de curiosidad por conocer más de la historia, el profesor cedió a contarles lo que su padre le había narrado le pasó a él, cuando era un estudiante de la antigua UCC, conocida en ese tiempo como INDESCO, en donde su pensum solo estaba la carrera de economía, y cuyas clases eran dictadas en salones prestados de colegios como la Normal de Señorita; vetusto edificio ubicado muy cerca de la alcaldía y al lado de una iglesia.

-¿Que van a tomar?, -interrumpió el mesero, mientras limpiaba con un trapo de siete olores la mesa, -cuando el profesor iba a iniciar su relato. –Por favor nos traes cinco cervezas Bavarías, -Dijo Ernesto, trabajador de Ecopetrol, mientras todos propusieron esperar las cervezas para que el “profe” iniciara el relato.

Ya con las cervezas y vasos en la mesa, el profesor inició a contarles la historia de su padre así:

-Lo que les voy a contar, me lo contó mi padre ya hace muchos años, así que no me pidan muchos detalles no guardados ya en mi memoria; esa historia, la misma que como la recuerdo les contaré a ustedes, narra como el Diablo se presentó en Barrancabermeja durante una fiesta en un baile de estudiantes realizado en un miércoles de semana santa, igual que sucede este año, con solo el martes y miércoles de días hábiles.

-¡Profe!, esa la historia que le contó su padre, es vieja, y no fue en ninguna casa, fue en una discoteca que funcionaba en un segundo piso diagonal a la funeraria Foronda, de nombre Oxido. –Interrumpieron algunos de los estudiantes que le escuchaban, mientras reían y apuraban sus cervezas hasta casi tomarlas de un solo sorbo, procediendo a pedir tanda.

-Bueno, si me van a estar interrumpiendo no les cuento nada, -les dijo el profesor un poco enojado; -la aparición del diablo en la discoteca fue muchos años después, la historia de mi padre sucedió en una casa frente al Gachaneque, en el Barrio Palmira; es más todavía vive mucha gente que asistió a esa fiesta y son testigo de lo sucedido esa noche cuando comenzaba el jueves Santo. -no había terminado el profesor de hablar, cuando una nueva interrupción; se trataba de un hombre alto, ya de unos cincuenta años, de tez morena y ojos muy claro, corpulento y que media casi los dos metros: –Sí, yo soy uno de esos testigos profesor, lo que le contó su papá sucedió, -¿cómo se llamaba su papá?, hasta compañero mío seguro fue, yo fui estudiante de INDESCO cuando el rector era Crisanto Velandía, rematando con: -Yo presencié todo lo sucedido, y lo tengo en mi memoria como si hubiera sucedido ayer. –¿Si me permiten les cuento lo que pasó ese miércoles Santo 26 de marzo de 1975, -pero primero déjeme y les invito una tanda de cerveza, - ¿puedo?

-¡Claro que sí!, se escuchó decir en coro.

–Listo, el extraño personaje pidió al mesero una tanda de cerveza y para él un trago doble de aguardiente, mientras acercaba su silla a la mesa; esa fue solo la primera tanda que pidió el nuevo en el grupo, de muchas tandas más, que siguieron después hasta que terminó de contar como sucedieron los hechos.

El extraño inició su relato:

-Bueno, como le contó el papá del profesor, todo pasó un miércoles de semana santa de un año con unos eventos muy parecidos a los de este año; apropósito, por todo lo que pasó en ese 1975, ese año debió ser bisiesto; -ustedes les tocó estudiar en semana Santa, para reponer las clases perdidas por el paro de estudiantes y profesor en defensa de la educación superior pública; pues bien, 1975 fue el año de uno de los primero paros cívicos de Barrancabermeja adelantado en el mes de febrero, originado por la mala calidad de agua, en esa época la empresa se llamaba: ACUASUR, y el agua que tomábamos era del caño Cardales, imagínense lo limpia; -recuerdo que esas protesta se hicieron con el apoyo de la iglesia; allí en el paro se veían a curitas como Eduardo Díaz de la pastoral social y al padre Rosero de Palmira repartiendo agua y ayudando a la gente que hacía las barricadas con llantas a las que les prendían fuego.

–La casa que mencionó el profe, era de los padres de una compañera estudios, quedaba ubicada frente a uno de los más famosos prostíbulos de Barrancabermeja “El Gachaneque” de “Gabardina”, lugar que era vigilado por dos perros pastores alemanes gigantes, capaces de despedazar a cualquier borracho que se pusiera pesado.

-Esa casa era inmensa; con un patio en la mitad tenía dos salas, dos cocinas, cinco habitaciones, tres baños, colindaba con siete vecinos; y a pesar de ser tan grande, no tenía ventanas a la calle, solo una puerta en madera guayacán hecha por su dueño quien era carpintero; recuerdo que esa puerta tenía un eslabón para cocar con la cara de león y diablo, al mejor estilo de los usados en Villa de Leyva en la época de la colonia.

–Esa casa era tan grande y tenía tanto espacio que también tenía una carpintería con un portón de casi cinco metros de ancho por tres de alto; todo completa cubierto con tejas de asbesto de cemento y tejas transparentes.

- Ya en esa casa se habían hecho muchas fiestas, pues se prestaba para que, en la primera sala, la que daba salida a la calle, tocara un conjunto, mientras en la segunda sala, la del fondo, a la que se llegaba por un largo corredor cubierto que cruzaba por su gran patio, siempre se le colocara luces de color para imitar una discoteca y bailar allí música más romántica, como la que colocaban en una discoteca de nombre Mocedades. -Detrás de esa sala quedaba una de las cocinas con una inmensa estufa eléctrica. No había estudiante universitario, profesor, pensador, sindicalista, curita de avanzada que se perdiera un baile en esa casa. -El dueño de la casa, era un señor solo un poco más bajito que yo; siempre se sabía que durante la fiesta él estaría largas horas sentado en su mecedora sobre el andén al lado de la puerta de entrada de la casa, mirando quién entraba y quien salía, de vez en cuando acostumbraba a pararse en la puerta a mirar para adentro, tratando de ver y controlar desde allí todo lo que pasaba dentro de su casa.

-Mucha gente asistió ese noche al baile, estudiantes, profesores, sindicalistas y curitas quienes convirtieron la fiesta algo así como una proclama del triunfo del pueblos por el paro ya mencionado; las dos salas estaban repletas; la fiesta a las 11:30 p.m. estaba en su máximo esplendor… fue a esa hora que comenzó una brisa como la que ahora corre por aquí, brisa que muy rápido se transformó en tormenta, con vientos casi de tornado que al pasar por la primera sala desde la calle al patio producía un ruido agudo imitando el canto de las animas en el purgatorio, ¿Las han escuchado ustedes, son como aullidos lastimeros?; -pues bien, volviendo a mi relato, grandes gotas de agua azotaban el techo produciendo un estruendoso ruido al caer especialmente sobre las tejas plásticas, la lluvia se convirtió en el aguacero más fuerte que todos aquellos invitados al baile habían vivido… y después, de pronto llegó el apagón exactamente a las 12:00, junto a un grito ahogado de todos los asistentes.

-Todo quedó a oscuras; la misma oscuridad ya acostumbrada en su diario vivir del cantante del conjunto vallenato ciego desde niño, el mismo que en medio de la oscuridad y a petición del público siguió entonando las canciones de Francisco el hombre, único mortal que ha derrotado al demonio con un acordeón; eso sí, sin bajo, solo acompañado por el acordeón, guacharaca y la caja.

- La fiesta había continuado en medio de la penumbra y una vez la retina de la gente se había acostumbró a la oscuridad, en medio de la tormenta de miles de relámpagos; mientras eso sucedía se podía observar la figura corpulenta y alta del dueño de la casa mirando que pasaba desde la puerta… y de pronto el cantante silenció su canto, mientras se escucharon varias carcajadas que venían de la calle, y del cielo como un cordón de luz de neón se desprendió un rayo en forma de centella, la cual entró por la puerta de la casa, pasó por la primera sala, el corredor de patio, la sala del fondo todo a una altura no mayor de cinco centímetros del piso, para elevarse solo un poco en la cocina del fondo y estrellarse en un toma trifásico donde se conectaba la cocina electrica y causar una explosión que hizo volar por los aires varias baldosas que servía de enchape de la pared.

– Sin duda, la centella había zigzagueando entre los pies y zapatos de varios de los asistentes, muy seguro pasó las botas del empleado de Ecopetrol como Ernesto, de esos que al igual que muchos en esa época estudiaban no por ejercer la economía, si no por ascender a Supervisores, por eso no era raro que además de la inversión en la matricula cada semestre, también invertían en pagar para que le hicieran los trabajos y hasta por el profesor que calificaba sus previos; -pasó por las zapatillas de la estudiante bonita como Pilar, de esas que se aprovechan de los profesores enamorados; paso por los zapatos de los curitas revolucionarios y borrachines como el padre de la iglesia San Judas Tadeo de La Floresta quien acostumbraba a dar las primeras misas de los sábados y domingo borracho; -paso por los zapatos pepitos de algunas monjas quien aprovecharon la ida de la luz para besarse y acariciar sus senos esa noche; -paso por las zapatillas de la señora estudiante como Olga, quien bailaba con su esposo en la primera sala y con su compañero de clase que era su amante en la oscuridad de la sala del fondo; -paso por los zapatos tenis del estudiante guerrillero y del estudiante infiltrado militar: -paso por los zapatos Corona del profesor que acostumbraba a sus alumnas acostarse con él para pasar la materia; -por los zapatos de dos hombres casados con buenas esposas e hijos que eran amantes entre ellos; - también paso por los zapatos del estudiante que a la hora del trueno ya estaba ido por la marihuana consumida en un lote aledaño a la casa; -y paso por las botas del líder de la USO quien defendía a la clase obrera y atacaba el arribismo de las clases poderosas, mientras disfrutaba de los mejores restaurantes en Bogotá cuando viajaba a las reuniones o a negociar la convención colectiva, y enseñaba su reloj Rolex original con incrustaciones de diamantes, solo visto por sus compañeros cuando la camisa de dotación se deslizaba mientras levantaba el brazo para y entonar lleno de orgullo el himno de la Internacional.

-De pronto dejo de llover, se fue la tormenta y volvió la luz, eran las 12:20 a.m. del Jueves Santos, y en el piso temblando de miedo estaba el juglar ciego, diciendo con voz entre cortada que había visto al diablo parado en la puerta de la casa mientras reía a carcajadas poco antes de mandar la centella, mientras reía a carcajadas: -Lo juro, el diablo vino con el rayo del cielo, repetía una y otra vez, -mientras los curas y monjas se persignaron varias veces como si ellos también lo hubieran visto. –Lo cierto es que muy pocas personas le creyeron, -¿cómo iba a ver al diablo, sí era ciego?, ¿Cómo iba el diablo estar parado en la puerta, sí allí todos vieron que estaba el dueño de la casa?

-La confusión de los invitados aumento pocos minutos después:

-Cuando vieron llegar al dueño de la casa acompañado de su esposa y de su hija a la cual habían ido a esperar muy temprano en la estación del tren donde llegaba en el tren de lujo de Bogotá donde estudiaba; la estación quedaba a solo seis cuadras de distancias; llegaban completamente; ellos habían salido de la casa a las 11:00 p.m. -Todos quedaron sorprendidos, dispuestos a volver a acaba el festejo y volver lo más pronto a sus casas, mientras el trovador vallenato ya puesto de pie seguía rezando y prometiendo no volver a cantar en una semana Santa.

-No hay duda, la centella fue del diablo, de ser de Dios había dejado sin pies a todos esos pecadores que estaban en esa fiesta. –con esas palabras terminaba el relato de aquel desconocido a los muchachos en la tienda, al tiempo que se oía el relámpago y se sentía la caía de un rayo en un transformador cercano, dejando a la tienda sin luz sitio seguida a la caída de un fuerte aguacero con viento, que los obligó a todos los clientes a refugiarse dentro de la tienda. Fue entonces cuando se percataron que el desconocido no estaba ya con ellos, pero esa no sería la única sorpresa, la mayor sorpresa se las dio el mesero a traer la cuenta compuesta solo por pedidos de cervezas.

-¿Y los tragos de aguardiente doble?, -¿los pagó el señor que estaba en la mesa con nosotros?

- Nadie en la mesa pidió aguardiente y ustedes toda la noche estaban solos, respondió el mesero.


DANIEL E. CAÑAS GRANADOS


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados