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22. EN DONDE ESTÁN LOS MUCHACHOS DE LA BARRANCABERMEJA.

-Ángela, cuando vuelve Jose?, acostumbraba a preguntar cada sábado aproximadamente a eso de las 10:30 de la mañana, cuando camino a la plaza de Torcoroma desde mi barrio Palmira me desviaba unas cuantas cuadras de mi ruta solo para pasar por la casa donde ella vivía y así enterarme un poquito de lo que había pasado durante los últimos cuatro meses de mí ausencia por motivo de mis estudios. Sabía que siempre la encontraría allí parada en la puerta de su casa frente a uno de los más hermosos antejardines que existían en el barrio Galán Gómez por extraño que parezca como si supiera de antemano de mi regreso.

A sus 22 años de piel morena y ojos claros era una ya mujer pretendida por muchos hombres, a pesar de conocer de su noviazgo y fidelidad a toda prueba con Carlos, su novio desde que era una adolescente. Nuestro tema principal siempre era su hermano menor Jose, orgullo de su familia y muy especialmente de ella y su mamá; no era para menos pues se trataba nada menos que la promesa del futbol talvez de todo el Departamento, a pesar de tener solo 16 años, a su corta edad ya medía casi 1,85 mts, lo que lo hacía un jugador muy bueno para el juego aéreo.


A Jose lo conocía gracias a los campeonatos municipales sub 15 que se jugaban en la cancha La Bombonera, donde los días sábados por la tarde se disputaban algunos partidos del calendario jugando por el equipo Copetran, y fue en uno de esos partidos que conocí a Ángela, volviéndome hincha de los dos, de Jorge y su hermana. Eran las épocas donde la “OLA” no se podía hacer pues todos los espectadores veían los partidos de pie.

Recuerdo que la manera de acercarme a Ángela, fue de una manera muy galante, en uno de esos partidos de futbol comenzaron a caer una gotas, las cuales eran solo el preámbulo de un aguacero mayor, por la brisa y las nubes negras que poco a poco se fueron posesionando del firmamento; de una, salí corriendo a mi casa muy cerca de la cancha y traje una sobrilla para cubrirnos los dos, fue allí bajo la sobrilla camino a su casa, donde me comentó que era hermana de la estrella del partido y a partir de allí fui afortunado de ser su amigo y por supuesto amigo de su hermanito menor.


Siguiendo con mi encuentro con Ángela rumbo a la plaza de mercado, me comentó que Jose era pretendido por equipos profesionales para sus divisiones inferior, pero que la primera opción por lo que le habían prometido era un equipo de Bogotá, y era por eso que Jose se encontraba en esa ciudad de Bogotá con su mamá;

-¿Y jugará con el azul o el rojo?, -le pregunte tratando de saber más, recibiendo como respuestas


-Ni loca, te lo voy a decir, sí te lo digo y no pasa las pruebas, probará con el otro equipo, y no quiero que molesten a mi hermano de jugar en el equipo que menos quería de los dos,


-Al final lo importante es la gloria y no el campo de batalla, me dijo.


La mayor de la casa era Ángela, tenía 22 años y ya se encontraba adelantado la parte productiva del SENA en la refinería, le seguía una niña y el último o menor de la familia era Jose; los dos hermanitos eran estudiantes del Colegio El Rosario de Ecopetrol donde sus dos padres trabajaban, por lo que en esta ocasión el apoyo de la familia no era con el afán de mejorar económicamente como si sucede en la gran mayoría de otros casos.


Antes de regresar a mis estudios, nuevamente hablé con Ángela, y me comentó que Jose se había presentado a los dos equipos, pero que ya la cuestión estaba muy adelantada, ya estaban en exámenes médico, eso sí como la anterior oportunidad no me quiso revelar el nombre del equipo.


En las siguientes vacaciones quise pasar de nuevo como era mi costumbre por la casa de Ángela para hablar con ella, pero no la encontré; con la que me saludé fue con la mamá, ella me comentó que Ángela estaba acostada porque se sentía enferma y por eso no podía salir a saludarme. Sin embargo y pendiente como siempre de la carrera deportiva de Jose, aproveché para preguntarle por él:


-¿Y Jose? - Mijo en Bogotá, le ha ido muy bien y talvez por un tiempo no vuelva a la ciudad, me dio pesar dejarlo allá solito, -me dijo quebrándose su voz con los ojos llorosos.

- No se preocupe, eso es por ahora, ya verán que él será famoso y hasta se los llevará a todos de aquí, -le respondí tratando de levantarle un poquito el ánimo.


El sábado siguiente volví pasar por la misma casa, pero ni Ángela, ni la mamá estaban afuera. Volví a regresar en mis otras vacaciones y pasó igual, es más esa era una casa con antejardín y rejas altas por lo que siempre deajaban la puerta de la entrada abierta, y de unas vacaciones para acá la veía siempre cerrada, por lo que llegué a pensar que la familia pedía sus vacaciones coincidíendo con las mías, por lo que con el tiempo no supe más de esa familia.


Cuando uno termina sus estudios y regresa a la ciudad, se presenta más la oportunidad de visitar o saludar a mas amigos y conocidos; se vuelve uno como consejero de los estudiantes que una vez egresados de sus colegios parten para seguir sus estudios universitarios en otra ciudad, es por eso que recuerdo un saludo empleado cuando uno se encontraba con los padres de nuestros excompañeros o estudios:


-¿EN DONDE ESTÁN LOS MUCHACHOS?, -siempre recibiendo como respuestas: se fueron a estudiar o a trabajar, casi siempre su destino eran las mismas ciudades: Bogotá, Barranquilla o Medellín.


En otras ocasiones las respuestas eran que se habían ido a estudiar a los Estados Unidos o a otros países del extranjero. – Que alegría, era siempre nuestra respuesta, y era cierta.


Pasaron los años, y un día acompañando a mi madre a visitar a sus parientes en un cementerio de Bucaramanga, para distraerme un poco, tenía la costumbre acostumbraba a mirar los nombres de las lápidas solo para buscar nombre raros o algunos epitafios que la gente escribe; fue allí donde entre la tumbas leí uno que decía: -A Jose, nuestro niño y hermano amado … si leí los apellidos y era él mismo Jose que conocía, el que creía en Bogotá, la promesa del futbol de Barrancabermeja, el hermano de Ángela…


Y no fue el único de DONDE ESTÁN LOS MUCHACHOS sepultados de manera oculta, en los años noventa muchos habían corrido esa suerte...


De un momento a otro, algunos muchachos de un lustro de nacidos posterior a mi nacimiento, habían desaparecido, sin saber sus amigos: Como, ni cuando murieron; vecinos que creíamos estarían triunfando en el deporte o estudiando en otra ciudad o fuera del país, habían sido aislados en cuartos de paredes blanquecidas y llenas de desesperanza en medio de la soledad de hospitales de Barrancabermeja,


Bucaramanga o Bogotá; su aflicción era conocida solo por su familia más, y a veces ni siquiera por todos.


Eran muy pocas las personas que se atrevían a visitarlos, por miedo a contagiarse, o por miedo a ser aislados por sus amigos o vecinos una vez salieran de esos hospitales; no había duda: EL SIDA (VIH) HABÍA PASADO POR LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ, pues se creía que su transmisión era como el de la peste negra o los resfriados.

Esa enfermedad se extendió por toda Barrancabermeja construyendo por primera vez un puente imaginario entre habitantes de barrios de diferentes estratos, un puente con sus bases cimentadas en el dolor y la angustia de sus familias, dolor sufrido en más profundo silencio, mientras veían como cada día muchos de esos muchachos en plena adolescencia se deterioraban cada día hasta morir sin ninguna esperanza.


Al final, creo que nadie supo que les dolería más a esos muchachos: El no creerles que no eran “homosexuales” por parte de sus padres; o la ingratitud de amigos o vecinos que como Pedro el Apóstol negaban conocerlos; o los dolorosos tratamientos inútiles a los cuales fueron sometidos como conejillos de india; o el saber que de un momento a otro ya no serían grandes profesionales estudiosos, o trabajarían en grandes empresas o serían estrella de futbol orgullo de sus padres y de muchas hermanas como Ángela.


Creo que a todos esos muchachos se les debe una disculpa, no por ser tratados como homosexuales pues es una decisión propia de un ser humano y debe respetarse, si no por no creerles que eran heterosexuales; se imaginan la desesperanza de estarles diciendo a sus padres la verdad y que no les creyeran, sino hasta años más tardes cuando la enfermedad toco a famosos de cine o estrellas en el deporte como El Magic Jhonson, solo desde ahí la ciencia reconocía que la enfermedad se transmite no solo por contacto sexual, si no por jeringas infectadas, trasfusiones de sangres y otras formas, y que no era obligatorio tener relaciones homosexuales para adquirir el virus.

Muchos son los años donde los enfermos con el virus VIH fueron apartados por sus seres queridos, soportando padecimientos solo comparados con los sufridos por los judíos en época del tercer Reich, y hasta miembros de las mismas familias, vecinos o amigos, se atrevieron a decir que los afectados por esa enfermedad eran seres castigados por Dios.


Todavía recuerdo en mi “cuadra”, el caso de una pareja de espesos con pocos meses de casados, donde en una misma semana vivieron la alegría de que serían padre, con la de la ser portadora de VIH uno de ellos. Casos como este, de seguro varios.


Fueron los finales de los años 80 y principios de los 90 el tiempo donde los padres les prohibían a sus hijos asistir a fiestas, o hablar con desconocidos o hasta conocidos con síntomas de resfriados o si se les veían alguna manchita en los brazos muy parecido al tiempo de la peste bubónica de la edad media, pero ahora en nuestra ciudad, pero también el tiempo donde por fin los padres hablaron por primera vez con sus hijos no solo de deportes, si no de temas vedados como los que en décadas posteriores sería magistralmente explicado por una reina de belleza: “hombre con hombre…mujer… y en sentido contrario”.


Con este escrito, quiero hacer un sencillo homenaje a mis amigos, vecinos, paisanos, conocidos y desconocidos que murieron aislados y siendo juzgados por todos nosotros, en el mundo, Barrancabermeja y en la Barrancabermeja donde viví, tema que se actualiza con la migración de mujeres en la ciudad.


DANIEL E. CAÑAS G.


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