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32. MUNDIAL EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ.

Actualizado: 22 de jul de 2018

En la final del Mundial de Rusia 2018, escucho todavía en mi cabeza el estribillo del mundial de fútbol de 1970: ¡FÚTBOL MEXICO SETENTA… El mejor mundial.


Ese estribillo, era el mismo que se escuchaba una y otra vez en la radiola de la casa, en el radio de baterías marca Sanyo usada por mi padre cuando se “iba la luz”, en los parlantes del kiosco de Trillos o en la tienda de Don David, la misma que tenía una cantinita anexa y quedaba donde hace muchos años Floro colocó su primera Heladería Helos.


Ese mundial, es considerado el mejor todos los tiempos, tal vez por los equipos de ensueño provenientes de nuestra Suramérica como: Brasil, o del Perú, o por la misma canción promocional muy pegajosa, sumado a ser el primer mundial visto en blanco y negro en el televisor del vecino rico de la calle donde vivíamos, o simplemente por ser el mundial con el primer álbum de las láminas o “Monas”, las cuales eran compradas en sitio como El Tiempo, en el Kisoco de Trillos, o en el Punto Verde, hoy Hotel Rio Grande. Ese mismo mundial dio origen a la expresión: “Tumbe”, acción de pegarle fuerte en la mano donde un niño tenían sus monas, laminas o “caramelos”, para agarrarlas antes de que cayeran en el suelo y salir corriendo. Aclaro: No era robo, de pronto venganza, pues no había nadie que se escapara de ser objeto de un ¡Tumbe!.

Si un mundial imaginario se hubiera jugado en la Barrancabermeja de esa época, con el estadio Villa Zapata suspendido por la FIFA, muy seguramente estos serían los estadios; estadios sedes, en donde los asistentes no contarían con silletería y el césped de las canchas sería reemplazado por tierra y piedra:


LA BAMBONERA: Cancha ubicada en el lote con el mismo nombre, y que separaba el barrio Galán Gómez y el barrio Palmira, sede de muchos equipos de Alonso Trillos en su faceta de Director Técnico como Coopetrán.


LA RIVALUX: Cancha ubicada donde hoy queda la segunda etapa del Barrio Galán, en un lote del mismo nombre que llegaba desde la carrera 22 hasta la carrera 17 frente al hospital, hoy Centro Comercial San Silvestre, Cavipetrol I y Cavipetrol II.


LA DE CAVIPETROL: En el mismo sitio donde hoy hay una cancha sintética encerrada en el Barrio Galán.


LA CHANO: Ubicada donde hoy queda el centro comercial Iwana (El Exíto), cuyo terreno llegaba hasta donde queda el Banco Popular y en esa época Telecom.

A un lado de esa cancha se estacionaban los buses que llevaban a la gente al corregimiento El Centro por $1, sitio donde lamentablemente murieron niños bajo sus llantas al tratar sus padres meterlos por las ventanas para coger puesto, debido a que se formaba un gran desorden cuando el bus de turno abría sus puertas para que entraran los pasajeros.


LA ANEXA AL ESTADIO: Ubicada conde hoy queda el Coliseo Luis F. Castellano.


LA CANCHA DEL SEMINARIO SAN PEDRO CLAVER…La antigua cancha del Seminario, la que quedaba por el caño las Camelias más exactamente donde se construiría el barrio Primero de Mayo, gracias a las invasiones.


LAS CANCHAS DE LA LIBERTAD, LA FLORESTA, y otra más con nombre de los barrios donde quedaban.


En todas esas canchas jugarían en ese mundial imaginario los niños y jóvenes de esa época, soñando ser: los Pelés, los Cubillas, los Beckenbauers, los Rivelinos, Los Tostaos, los Gordon Banks, todas esas estrellas de fútbol que veían todas las tardes en la televisión de colores: Negro, gris y blanco.


Todas esas canchas, eran canchas de tierra y piedritas pequeñas, característica que llevó casi veinte años después; en los años ochenta a un Urólogo recién desempacado de su bella MOMPOX, mientras veía correr a varios jugadores en un partido de fútbol en la cancha del barrio Galán pensar en voz alta y decirle a Juan José:


- ¡No joda Primo, donde uno de estos manes se llegue a caer a esa velocidad, toca recogerlo por los hombros con una grúa, elevarlo y meterlo en un tanque lleno de Merthiolate, y llamar a medio Barranca para que lo sople y no le arda!

Y así era, no había jugador que no llegara a su casa con raspones en sus piernas y rodillas, heridas que con el calor y el uso pantalón largo duraban varios días por sanar, esas heridas parecían tener vida propia, las mismas conocidas como: “loras”.

La inauguración y la final sería en la mejora cancha de barrio de los años 70 en Barrancabermeja, la única con césped y partes con tierra tipo barro sin piedra, donde el Neymar Jr. de hoy, muy seguramente no se pararía en todo el partido... en donde daba gusto caer.


LA CANCHA EL CERRO: En la de la planada del cerro, frente a Doña Leo (esta última pista solo para algunos muy eruditos en la pasión de la hinchada).


Y el balón, sería el de esa época, la del 70, el de cuero, el de vejiga de caucho vulcanizado en su interior, el cocido, el que una vez se mojaba pesaba cinco veces más, el que servía de expectorante si le pegaba en el pecho sin camisa a uno.


La vida de un futbolista es corta, llena de cosas buenas y malas, risas y llanto… y yo no podía ser la excepción: Todo comenzó un día cuando estudiaba en la Central Integrada, ubicada entre las calles 50 y 51 y entre las carreras 14 y 13 de hoy en día: Era un día de estudio como cualquier otro… hasta que nos informaron la mejor noticia de ese año: saldríamos a media jornada de estudio, el primer pensamiento era llegar temprano a la casa para ayudarle a mi padre en la carpintería recuperando las puntillas que se perdían en el suelo entre el aserrín; y el pensamiento definitivo, tal vez por lo colectivo fue: Ir a jugar fútbol en la cancha La Rivalux.


Y a ahí estaba yo, a punto de hacer el gol más lindo visto en todo el Valle medio del Magdalena… hasta que divisé a lo lejos a mi abuela Ana rumbo a la casa, con la sentencia de “Pillado” en sus gestos. Unos pocos minutos después, ya estaba en la casa, esperando la llegada de mi abuela, con la esperanza que no le dijera nada a mi papá; sin embargo: Niño prevenido vale por dos, procedí a colocarme 4 pantalones y 5 camisas al mismo tiempo, con el fin de “acolchonar” los correazos de mi padre. Y preciso, tan pronto salí del cuarto, vi a mi papá viniendo desde la carpintería al sitio donde yo estaba, y detrás de él mí abuela; no había duda…ya mi abuela le había contado. Era tanto mi temor que solo cuando mi padre me pegó tremenda cachetada hasta hacerme caer al suelo, me fijé que no traía su correa en la mano como era su costumbre. Lo bueno de mi acolchonado con 4 pantalones y 5 camisas, fue que no me pegué tan duro con el piso.

Daniel E Cañas G.


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