Buscar

13. LAS FILAS EN LA BARRANCABERMEJA DONDE VIVÍ

Actualizado: 13 de oct de 2018


De las pocas actividades no tan agradables que recuerdo de mi generación fue todo el tiempo perdido de niños, al menos en mi ciudad natal Barrancabermeja en el pasatiempo impuesto por nuestros padres y la sociedad: Hacer fila. ¿Cuántas horas de nuestra infancia gastamos haciendo fila?, creo que muchas.


Y era que había que hacer fila para todo, más si no existía en esa época el servicio a domicilio, por lo que los domiciliarios éramos nosotros.


El primer ejemplo era la fila que se hacía en Gas Unión esperando que llegara el camión que traía los cilindros llenos de gas desde la planta, para cambiar los nuestros de 20 y 40 libras desocupados (fila de Oil and gas).

Las filas para coger agua en la única llave disponible en Barrancabermeja ubicada en la sede de la USO Nacional frente al comisariato, durante las constantes y casi diaria suspensión del servicio de agua, o la que teníamos que hacer con nuestras ollas en los pozos de agua subterránea para llenar el tanque de lata en el patio de nuestras casas. (fila refrescante).

Si eras hijo de maestros, ¿Cuánto tiempo de nuestra infancia se perdió madrugando para hacer fila cada mes en el Banco del Comercio con el fin de guardarle el puesto a nuestros padres?, en especial cuando se pagaba la prima de navidad siempre los 24 de diciembre con la amenaza de que si alcanzaban a cobrar no había estreno y niño Dios. Lo bueno de esa fila era la recompensa del milo con buñuelo en la Viña donde los señores Guillermo y Fernando Álvarez (La fila del sueño).


Y que tal esas filitas entre lágrimas cuando de la mano de nuestro padre buscábamos la camioneta de la Secretaría de Salud para recibir nuestras vacunas con el engaño que esa vez si eran unas gotas en la boca. Y como no había carnet, esa misma camioneta llegaba a nuestras escuelas y volver a repetir la postura de hombro (La fila de la inmunidad).


O la fila que se hacía mensualmente en la peluquería para que no nos devolvieran del colegio, y cuyo peluquero era compartido por lo menos por ocho barrios de apellido Caballero. Sin mencionar el tiempo que perdíamos explicando cómo queríamos el corte, para terminar con el mismo de siempre según orden impartida por nuestro padre el día anterior. (fila de la democracia).

Cuanto tiempo perdimos esperando ser atendidos en una fila mágica en la tienda, fuera del tiempo empleado en el trayecto casa-tienda, tienda-casa, casa-tienda… pues no existían los domicilios; era llegar a nuestra casa con una compra o “mandado” para que nos regresaran nuevamente por algo que se había olvidado a nuestra adorada madre, para llegar una vez a la tienda y esperar que nos tocara nuevamente el turno para ser atendido. (filas repetitivas por una enfermedad de nuestros padres desconocida en ese entonces y que hoy denominan Alzheimer).


Cuantas filas no se hacía en las escuelas para recibir nuestro “complemento alimenticio” o ir a la cooperativa a comprar una gaseosa y una empanada en el recreo. (fila alimentaria) .

Para recibir de un camión de estacas 350 la leche por litros, la misma que al hervir daba la rica nata (todavía me parece oír el sonido característico del cucharón pegando con la “cantina lechera” y el ayudante con su brazo pintado de blanco hasta el sobaco gritando: la leche...leche…leche, grito que alternaba el con el pito cuyo sonido característico nos permitía identificar desde adentro de nuestras casas, sí se trataba de nuestro lechero o era uno de los otros cinco que también repartían leche por nuestra calle. Recuerdo que orden para los primeros puestos de la fila era según la rapidez de dejar lo que uno estaba haciendo en la casa, salir corriendo a buscar la “olla” y a la rapidez con la que nuestros padres entregaban la plata o la libretica de fiados; fila solo alterada por la vecina bonita a quien todos “colábamos” hasta llegar a quedar de primera (fila del enjuague de sobaco).


Fila para comprar en el IDEMA de casi dos cuadras, fila para comprar pasajes en tren, filas para comprar boletas para entrar a cine, filas para ingresar a los trenes que llegaban a nuestra Barrancabermeja, con muñecos de cera, o zoológicos de especies menores como culebras, zapos y roedores (la fila de los granos y el aceite).


Fila para entrar al pabellón de ferias para ver animales en exposición ganadera. (la fila de hacendados).

Se hacía fila hasta para bailar con la niña recién llegada a la cuadra (la fila de los coquetos).


La Fila en la cancha Chano, para subir a los buses que nos llevaban a visitar a los pacientes del servicio médico de Ecopetrol hospitalizados El Centro y que causo más de un muerto (la fila del atropellado).


Fila en el patio de la escuela a las 2:00 pm a pleno sol en izadas de bandera o por castigo, se hacía midiendo la distancia entre compañero tomando como referencia la longitud de nuestros brazos y moviéndonos sobre nuestro eje con la siguientes ordenes: -a la izquierda, -a la derecha o -media vuelta” (la fila de la formación).


La fila para abordar el ferry para ir o volver de casabe (la fila náutica).


Fila para ingresar a matiné en los días domingos 10:30 am en el teatro Barrancabermeja (frente a la concentración Primero de Mayo), y en donde unos escalones daban paso a una puerta metálica angostica y con una cortina roja que impedían mirar para adentro, pero que nos advertía que pronto estaríamos viendo la película de estreno. (La fila del séptimo arte).


Fila para entrada a los circos, filas para las ciudades de hierro, En fin, si de hacer fila se trataba, de eso salimos expertos los niños de la Barrancabermeja donde viví.


Las filas cuando buscábamos agua en algún pozo o de una llave en la USO o de un carro tanque (como en la foto); realmente la fila la hacían nuestras ollas o “tarambucos de agua” y no nosotros (sin duda la más refrescante).


La fila para el confesionario o para comulgar en nuestras iglesias (la más religiosa).

Las filas para comprar frente a nuestras escuelas: Raspado, churro, millo, cañanga, empanadas, conos, helados, arropilla y otros alimentos a la entrada de la escuela (las filas dispensadoras de snaks criollos).


La fila para comprar tiquetes para viajar en tren o en el auto ferro (las más lentas y olorosas).


Las filas en el cuartel de policía en El Centro para recibir la escoba y barrer el patio cuando nos encontraban bajando marañones (la fila del servicio policial).


La fila en el Batallón Nueva Granada por "la puertica" que da a la avenida Circunvalar para nuestra Libreta Militar (La del servicio militar).


Las filas para entrar las novenas bailables en el club infantas (las más rumberas), filas que después más grandecitos obviábamos cuando descubríamos huecos camuflados en la malla por detrás del club.


Solo por mencionar algunas.


Y todavía nuestros padres nos preguntaban: - Que se la pasa haciendo que nunca está en la casa?.


Tenían cáscaras…como dijo alguien.


Daniel E. Cañas G.


© 2018 by Daniel E. Cañas Granados